EN LAS ARENAS DE ARRAKIS

domingo, 14 de mayo de 2017

ALEXANDER SOLYENITSIN: LOS ÚLTIMOS VEINTE AÑOS EN EL GULAG







LOS ÚLTIMOS VEINTE AÑOS EN EL GULAG
Alexander Solyenitsin

A los perseguidos de la tierra…

            Leyendo un artículo en una revista literaria de circulación semanal, decía que muchos escritores ya no eran leídos como antes, para este fenómeno daba varias causas peregrinas, entre las más importantes, estaba que  “habían pasado de moda” o “no respondían a los nuevos cuestionamientos de la sociedad”, uno de los casos más emblemáticos que presentaba era la de Alexander Solyenitsin, esta última revelación me causó un gran impacto, hasta donde yo sabía el escritor ruso había sido catalogado como el “continuador de la gran tradición literaria rusa que se remontaba a Fedor Dostoievski, pasando por León Tolstoi, Nicolás Gogol, Maximiliano Gorki hasta llegar a Boris Pasternak” que ya no se leyeran las novelas y ensayos de este extraordinario pensador era una desgracia sin lugar a duda, pero más me impactó la justificación liviana que se entregaba para tal hecho, y era que  el fin de la Guerra Fría había dejado sin público atento a un hombre que exponía <<SOLO>> las brutalidades del comunismo soviético, particularmente en la época de Stalin, en otras palabras su literatura y todo lo que significaba ésta habían “pasado de moda” como muy bien clarificaba el artículo. Qué había de verdad en tal aseveración, era lo que correspondía dilucidar, para esto me aboqué a estudiar los últimos veinte años de la vida de Alexander y ver si su literatura se había quedado suspendida en el tiempo, como “El Paso Suspendido  de la Cigüeña”, película del director griego Thódoros Angelópoulos,  en la que nos muestra un pueblo fronterizo de Grecia en donde el tiempo no existe, es un espacio estático y sin vida. Había pasado lo mismo con los escritos de Solyenitsin, que un día después de la caída de la Unión Soviética y del triunfo del liberalismo económico y la democracia burguesa, sus narraciones y ensayos quedaron suspendidos en el tiempo y su persona como parte del decorado de un museo, era una posibilidad. Pero también podría estar sucediendo un segundo fenómeno que el autor del artículo no conocía o no quería reconocer, me refiero a que el escritor de “Gulag” no se había comportado como se esperaba en el nuevo ordenamiento mundial y en la práctica fue un crítico ácido del modelo neoliberal y esto no era muy bien aceptado por el mundo unipolar que quiso acallarlo de la forma habitual y brutal a través de las dos fórmulas que se utiliza, la crítica liviana o el ostracismos de los medios, en cualquier caso castigándolo al “gran olvido”, dejándolo como una estatua viviente de un tiempo remoto que no volverá, la idea del articulo era clara, un hombre que expuso sobre los horrores, no podía tener cabida en un mundo en donde estos “YA NO EXISTEN”, porque en este nuevo orden ya no hay campos de concentración, torturas y censura, ese es un interesante punto a analizar.

            Para comenzar recordemos aquellos agitados y precipitados últimos días de la Unión Soviética. Entre los años 1988 y 1992 hubo cambios que nadie pensó que podrían ocurrir y que se dieron con una velocidad que rayo en lo demencial,  fue un tiempo realmente caótico, el majestuoso elefante soviético se desplomó casi por completo, las causas de esta caída fueron complejas y múltiples, y aun hoy no están del todo bien clarificadas, el caso es que el derrumbamiento de esta estructura política provocó también el colapso de los socialismos reales a nivel mundial, con excepciones como Cuba, Vietnam, Corea del Norte y China Popular, los estados socialistas se precipitaron cómo una verdadera línea de dominó, para muchos esto significo “el sonido de la trompeta del ángel del apocalipsis”, anunciando el fin del mundo, así lo comprendieron personas como el economista Francis Fukuyama que por aquella época publicó un polémico libro titulado “El Fin de la Historia y el Último Hombre”, en este texto nos expone en grandes líneas el fin de las luchas ideológicas y la victoria de una única visión en todo orden de cosas, por tanto en esta nueva lógica mundial ya no primarán las ideas políticas, debido a que existirá solo una <<La Democracia Liberal>>, por tanto el ideal político se conjuga con la real- política. Los conflictos estarán dados en el reordenamiento económico, el pensamiento de Fukuyama, si bien es extremo en el sentido de colocar fin a la historia, no ésta lejos de la imposición real de una idea ideológica univoca, para eso solo basta observar el mundo actual para darse cuenta que en el pensamiento político solo existen matices a grandes rasgos, a excepción del fundamentalismo islámico, el cual si bien es tremendamente virulento, también responde a una lógica de la concepción a – geométrica que tienen los conflictos actuales y de las políticas intrasistemicas del Medio Oriente, en donde Occidente, principalmente Estados Unidos, ha jugado un importante papel desestabilizador a través de su apoyo a las poderosas monarquías de la península arábiga y por medo de ellas a los grupos más extremistas islamistas, sin desearlo claro está.
            En este nuevo orden mundial autocomplaciente de Europa Occidental y Estados Unidos  las críticas a los antiguos regímenes comunistas eran más que bienvenidas, como lo fueron y lo son las críticas a los fascismos después de la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, escritores como Alexander Solyenitsin podían ser muy apreciados, siempre y cuando se comportaran dentro de los esquemas establecidos o sea, una descarnada exposición del sufrimiento de las personas bajo el régimen totalitario comunista y como son felices ahora desde la llegada de los grandes valores democráticos, punto final de la historia. Pero hombres como Alexander Solyenitsin que tienen un verdadero espíritu de <<libertad>> en sus venas, no estaban para presentar pleitesías cortesanas a nadie.

Stalin y Maximiliano  Gorki
Recordemos que su carácter se forjó a través de su vida, en una terrible y dolorosa fragua que se inició con su nacimiento en la Rusia post revolución, durante el primer totalitarismo del siglo XX, sintió la persecución y destrucción de los grandes valores culturales y religiosos ortodoxos de Rusia de manos de un hombre que Solyenitsin calificó como el “no-ruso” nos referimos a Vladímir Ilich Uliánov más conocido en la historia por su alias <<Lenin>>, hombre brutal y frío que  veía en cada fibra de <<la ortodoxia>> y la sociedad rusa una cuestión retrograda digna de ser exterminada, como no veía nada bueno en su tierra, siempre se giraba para  observaba con ojos lánguidos a estados como el imperio Germano y la Inglaterra victoriana, en donde se daría la gran <<Revolución Proletaria>>. Posteriormente debió enfrentar el gobierno del “Hombre de acero” y su política de “adoración a su persona” y toda la persecución que desencadenó en uno de los primeros estados del terror, nos referimos a  Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, más reconocido como <<Stalín>>, para después sufrir la invasión de su tierra por parte de las hordas salvajes germanas, y todo lo que implicó esta acción, masacres, devastaciones y exterminios. Para más tarde, cuando la victoria a parecía al final del largo túnel de sufrimiento, ser acusado y encerrado en un Campo de Concentración que el bautizó como <<GULAG>>,  por ser anti – revolucionario y traidor a Stalin, él que había sangrado en las trincheras, que vio morir a su pueblo, era acusado de traición, vaya injusticia y todo por escribir una carta con sus ideas.  Salió del Gulag ocho años más tarde, no para quedar en libertad, sino  para ser desterrado en un pueblo perdido de la Provincia de Zhambyl, entre el desierto y las ásperas montañas, el gobierno podía hacer de su libertad un segundo cautiverio, paralelamente a esto debió enfrentar un cáncer virulento, al cual venció, parecía que este indomable escritor podía derrotar a los más formidables adversarios con la fuerza de su fe inquebrantable en los valores de la “gran ortodoxia”.
Después de la muerte del “Amado Stalin”, vino su pequeño “veranito de San Juan”, fue rehabilitado y su primera obra publicada “Un Día en la Vida de Iván Denisovich”, elogiado por las nuevas autoridades comunistas que deseaban desentenderse del periodo “stalinista”, como si ellos mismos no hubieran participado de la locura salvaje del amado líder, pero esto duro poco, ya que nuevamente el ala conservadora del partido, aquellos que ven cualquier cambio como una traición, se impuso y en un acto de fuerza al vencedor de Stalingrado Nikita Kruschev, fue depuesto y en su lugar un viejo amante del orden stalinista se entronizó Leonid Brézhnev, lo que significó en lo inmediato para Alexander una nueva “Era” de persecución a su persona, los serviles del partido, tanto dentro de la Unión Soviética como fuera de está, lo difamación por ser un traidor a la “causa” del pueblo, lo que se traducía en realdad a traidor del partido. Sus libros se escribían y leían en la clandestinidad más absoluta, a través de los “samizdat”, que pasaban de mano en mano, los rusos y todo el mundo podrían apreciar el gran talento de un hombre que decidió decir <<NO>> al miedo, la opresión y la persecución. El merecido premio nobel llegó, y a diferencia de Boris Pasternak que lo rechazó por imposición del partido, Alexander si lo aceptó, pero no pudo ir a recibirlo por temor a que después del viaje no le dejaran regresar a su tierra. Pero la vieja jerarquía soviética ya lo había condenado, sería expulsado y su ciudadanía quitada. Su fortaleza de espíritu se puso a prueba nuevamente porque a un hombre que amaba su tierra y se le expulsa de ella, es como quitarle a un niño el amor de su madre, se le envió fuera de las fronteras de la URSS, sin ciudadanía, lo trasformaron en un parias de la tierra, pero la tierra lo acogió y se trasformó en ciudadano del mundo.

en el Gulag

Fue recibido en la República Federal de Alemania y desde ahí se marchó a Zúrich, gran ironía de la historia, antigua ciudad de Suiza que cobijó en su momento a los disidentes del gobierno zarista, entre ellos al propio Lenin. No permaneció por mucho tiempo en ella, ya que pronto viajó a Estados Unidos, y se radicó en la apacible y aislada localidad de Cavendish (Vermont),  pero a diferencia de otros escritores que de inmediato comulgaron con la causa neoliberal y norteamericana, como por ejemplo Tomas Mann, que se encumbró hasta ser “consultor en cultura germana para el presidente Roosevelt” y con ello sacó dadivas generosas, Alexander Solyenitsin se recluyó en su casa, más aun rechazó cada una de las ofertas para impartir clases en prestigiosas universidades, dar entrevistas o realizar alguna asesoría bien pagada e inservible, solo sustentada como medida propagandista, incluso y dentro de este esquema la dictadura de Augusto Pinochet lo invitó a través de la Universidad de Chile para dictar una cátedra y de pasada ser parte de la coreografía “antimarxista” creada por el régimen militar, invitación que declinó totalmente al decir que “él no apoyaba a gobiernos brutales y represores”, Solyenitsin tenía las ideas claras, él era un verdadero defensor de la dignidad humana, no tenía esa extraña confusión mental y dialéctica de muchos intelectuales que se confunden a la hora de reconocer una dictadura de otra. Permaneció como dijéramos casi enclaustrado en Cavendish escribiendo ensayos, proyectos de libros, pagando sus cuentas con los dineros de la venta de sus textos publicados, ni siquiera aprendió a hablar correctamente inglés, alguna vez dijo con relación a este período “debí ser mejor vecino y comprender más a la gente común que habita en Estados Unidos, que no es lo mismo que su gobierno”, para él solo era un momento de transito su estancia en el país de América del Norte, ya que pronto volvería a su soñada Rusia.
           

              Finalmente la URSS fue disuelta en 1991. Antes, en agosto de 1990, al escritor le fue devuelta la ciudadanía soviética. La caída del sistema le permitió ese regreso, ahora Rusia lo recibía como un héroe, un héroe que hablará mucho del pasado y poco del presente, solo para exaltar el nuevo orden o así creyeron ingenuamente las nuevas autoridades, que lo deseaban utilizar como parte del circo político que habían construido, todos los nuevos líderes rusos deseaban sacarse fotos con el “perseguido de la tierra”, el antiguo parias, no escatimaron en elogios y premios, deseaban transformarlo en un monumento viviente, y comprendamos este punto como literal. En mayo de 1994 Alexander Solyenitsin y su familia emprendieron el viaje de regreso a la patria  desde el Oriente Lejano, por el puerto de Vladivostok, y con numerosas paradas en ciudades a lo largo de los diez mil kilómetros que recorrieron hasta Moscú. Solyenitsin dialogó con gente de diferentes edades y profesiones, vivencias y realidades, compartió con ellos sus pensamientos, acercándose también a los problemas de la actualidad rusa, quería palpar el verdadero ethos de la legendaria Madre Rusia, aquella que su oriente había sido la expansión de la cultura y religión Católica Ortodoxa, quería saber cuánto de aquello quedaba aun después del ensayo fallido ateo, muchos, por no decir casi todos, deseaban que la historia de Alexander quedara hasta ese momento, de hecho ese fatídico artículo con el cual empecé este ensayo lo daba a entender claramente, el viejo y amado Alexander  debió morir en 1994 y no en 2008, pero para desgracia de muchos y alegría de pocos, el viejo perseguido de la tierra siguió viviendo veinte años más, mostrando una faceta que dejo perplejos e indignados a cientos, Solyenitsin no críticó al comunismo para decir que el liberalismo era lo correcto, sino que críticó el comunismo por ser perverso, eso no implicaba que él no considerara el liberalismo como otra perversión del siglo XX, por lo tanto, no se debe extrañar que el otrora perseguido volviera a sentir los brutales tiempos de la censura que se erigieron como muros de alambres, se podía palpar nuevamente el viento del Gulag, pero esta vez era de orden democrático.
Aun en Vermont escribió un ensayo que comienza a presagiar cual es el rol que él va a tener en el nuevo orden, y no será otro que el que siempre tuvo, ser la voz de aquellos que no se pueden expresar libremente, ser una conciencia de un mundo sin conciencia. Este ensayo Alexander Solyenitsin lo titula “¿Cómo reorganizar Rusia?” o Reconstruyendo Rusia, salió publicado en dos periódicos soviéticos simultáneamente, “Komsomolskaya Pravda”, diario de las juventudes comunistas y “Literatunaya Gazeta” órgano oficial de literatura y cultura del estado. Este escrito optimista y lleno de sueños era más bien un plan para volver a retornar los valores reales rusos, es un texto conmovedor, porque realiza una síntesis de los desastres sufridos por el país durante el experimento marxista, como por ejemplo cuando los líderes comunistas en su deseo imperialista destruyeron el medio ambiente y la vida social rusa, sobretodo del campesinado, que a juicio del escritor fue el que más sufrió con las reformas. Pero el ensayo no solo se enfoca en una revisión reciente de la historia rusa, sino que colocaba la voz de alerta sobre el gravé  peligro que se cernía sobre la tierra de Pasternak, si en un acto de locura y sin medir consecuencias se pasara a rasa tabla del “derroche comunista” al nihilismo liberal. Para Alexander la tragedia de Rusia debía ser una lección para no abrazar ideologías occidentales, como panaceas de salvación “El Telón de Acero ofreció a nuestro país una magnifica protección contra todos los rasgos positivos de Occidente: contra sus libertades civiles, su respeto al individuo, su libertad de acción personal, su alto nivel de bienestar, sus espontáneas actividades caritativas. Pero el Telón no llegó al fondo y permitió la filtración de estiércol líquido: la inmoderada y miserable <<cultura popular de masas>>, las modas totalmente vulgares y los subproductos de la publicidad desmedida, que han sido ansiosamente asimiladas por nuestra desvalida juventud. La juventud occidental ha enloquecido a causa del exceso, mientras la nuestra se afana en imitarla mecánicamente a pesar de su pobreza. Y la televisión de hoy en día distribuye amablemente estos raudales de porquería por toda la tierra” (p 40). Por lo que el camino para construir un modelo de progreso para su país se debe basar en lo que fue, es y lo que debe ser la “gran Madre Rusia”. Aunque el ensayo se enfoca en la profundidad del pasado y los peligros de los cambios, no es el centro mismo del trabajo, ya que la idea central en realidad es ser una guía segura de cómo se debía reconstruir la tierra de los antiguos Zares. Daba para esta reconstrucción la necesidad de que resurgieran los “nacionalismos locales” como una forma de adquirir una identidad real y la construcción de las naciones otrora subyugadas por el sueño imperialista comunista, por lo tanto él esperaba la disolución de la URSS y el nacimiento de un crisol de naciones. Deseo aclarar que Solyenitsin no era partidario de un nacionalismo enfermo y destructivo, para él estos eran sinónimo de fascismos, si no que predicaba el concepto de la reivindicación de la personalidad cultural de una nación y el respeto a ella como base para la construcción de un futuro, algo que persiguen por ejemplo pueblos como el mapuche en Chile.
            El texto fue leído al principio con complacencia por las autoridades y los nuevos apóstoles del orden neoliberal, pero pronto se dieron cuenta que el Premio Nobel no les estaba alabando por sus hazañas, entonces como generación espontánea  aparecieron los detractores, los que verán en sus palabras un discurso “xenófobo” y “nacionalista” que no está de acuerdo con las ideas de igualdad y tolerancia imperantes, lo acusaron de desear ideales muertos hace cien años y de querer el retorno de las políticas del despotismo depravado de los zares. Alexander a través de cartas públicas defiende sus ideas y expuso que si Rusia sigue la senda del liberalismo occidental entraría a un callejón sin salida, por supuesto no es escuchado, toda Rusia está afiebrada y deslumbrada con Occidente, una anécdota que grafica esto nos la relata el escritor e historiador Joseph Pearce, el cual paseando por una librera de Moscú preguntó por los libros de Solzhenitsin, el dependiente le dijo que no se editaban y que los podía encontrar en alguna librería de textos usados, pero le señaló la fascinación que existía por la novela basada en la película <<Death Wish>> protagonizada por Charles Bronson o la teleserie mexicana <<Simplemente María>>, por tanto el pueblo ruso no estaba dispuesto a escuchar predicas de nadie, sino que reivindicaba su sagrado derecho a la “pura entretención” como los occidentales.

Joseph Pearce
Asentado en Moscú inició una serie de proyectos como su programa de televisión en donde exponía temas de interés político y cultural en general, pero Alexander Solyenitsin no se podía conformar solo con eso, era un espíritu por esencia crítico, prueba de ello era su vida misma, y por esto no se pudo quedar callado con el show de la corrupción y la desmedida en que se sumergió el nuevo estado de Rusia, el cambio no iba por el camino adecuado a todas luces y Solzhenitsin decidió denunciarlo públicamente.
Rusia definitivamente había tomado la ruta del capitalismo neoliberal, con una permisividad absoluta, pronto las mafias y los nuevos empresarios salidos de las antiguas filas comunistas y de la KGB se hicieron con el poder económico y político. El desmembramiento de Rusia y su palpable debilidad frente a su incapacidad para poder reaccionar en contra de las acciones de Occidente y los Estados Unidos era más que evidente, solo se debía colocar como ejemplo el triste espectáculo que daban sus fuerzas  en la fallida  primera guerra en el Cáucaso en contra de los chechenos, en donde los otrora invencibles soldados rusos debieron hacer frente a un pueblo unido por un sueño, dispuesto a realizar los sacrificios más grandes, que rayaban en el fanatismo y la brutalidad máxima para conseguir su independencia. Solzhenitsin  decidió que debía exponer la tragedia de Rusia en una trilogía de ensayos que fueron mostrando en progreso la decadencia de las reformas neoliberales y los errores políticos del nuevo gobierno democrático, decir las cosas por su nombre y no con eufemismos como a los políticamente correctos guardianes del nuevo orden gustan que se expresen las personas.
El primero de estos escritos a parece en 1991 con un sugerente título “El problema ruso: al final del siglo XX”,  es un ensayo que continua con la crítica a las políticas del gobierno, pero esta vez colocándole nombre y apellido a esos problemas, por ejemplo desnuda las malas prácticas de Boris Yeltsin como gobernante y hace ver aquello que odiaba de Estados Unidos, el sentido del <<Nihilismo Puro>> de la sociedad individualista, que se estaba filtrando por todas partes y que se hacía presente en los cambios de Rusia. Por su puesto las críticas no se hicieron esperar y esta vez se le tildo de retrogrado empedernido, casi un vende patria, a pesar de ello se le perdono el escrito, después de todo era un premio nobel.


            Continuando con sus ensayos de denuncias público en 1992, solo unos meses más tarde que el anterior, “Rusia bajo los escombros” o “Rusia en el Abismo”, este sería un extenso texto que tiene como idea central la pérdida del poder político y económico de Rusia, frente a grupos de élite y mafias organizadas, con la entrada de capitales occidentales sin un filtro, expone crudamente como los dirigentes políticos de Rusia están más preocupados de mantener y extender sus nichos de poder, sin importarles los costos sociales, culturales y económicos. Hace hincapié en la necesidad de detener en Rusia la invasión de la anti – cultura de occidente, la cual impone valores sin sentido y mina las culturas locales, creando una homogenización con el único fin de crear un mercado dócil y consumidor. De más está decir que este nuevo ensayo molesto a muchos dentro de Rusia y fuera de ella también, nuevamente los descalificativos de nacionalista fanático aparecieron, pero en esta ocasión optó por el silencio inteligente, frente a la desmedida de sus críticos.
Los invisibles, es el tercero y último de estos ensayos de denuncia, pero a diferencia de los otros anteriores en los cuales se exponía la decadencia de los poderes fácticos, en este otorga la solución, al igual que León Tolstoi expone que la solución se encentra en la población común, el campesino y el obrero, los silenciosos, aquellos que han guardado el verdadero ethos de lo que es la Rusia autentica, notable ensayo por sus características históricas, sociológicas y emocionales que con talento Alexander Solzhenitsin supo exponer. Las críticas nuevamente arreciaron con firmeza, su programa fue cancelado por falta de rating, aun cuando tenía una muy buena audiencia, se retiró a la vida privada, a leer y seguir escribiendo en su modesto, pero cómodo departamento. Las entrevistas se fuero distanciando, él se fue distanciando, al igual que los grandes intelectuales Solzhenitsin, ya no deseaba conversaciones con hombres, sino con ángeles, de vez en cuando se le veía en algún programa o recibía algún escritor en su casa.

En 1998 Solzhenitsyn público el que sería a la postre su penúltimo ensayo titulado “El error de Occidente” , en este escrito realiza un recorrido por su vivencia en Estados Unidos, Alemania Federal y Suiza, para luego indagar en los patrones de Occidente criticando mordazmente su democracia liberal, que él considera de “Sloganes” y carente de profundidad, la califica como una mera “rutina”, como algo que se debe realizar, pero no se sabe claramente el porqué, este punto se podía asimilar con el cuento de Frank Kafka “La Gran Muralla China”, una democracia que solo beneficia a las minorías y mantiene cierto apoyo gracias a la maquina alienante de los que usufructúan de ella, para transformarla en un “Valor Humano”, de ahí la necesidad de condenar todas las demás alternativas al sistema. Con la democracia liberal viene de la mano su economía que se basa en el más profundo egoísmo, la comodidad y la complacencia, pero sin un sentido social y menos solidario, para terminar exponiendo el carácter nihilista de los nuevos valores, laicos, ateos e ingenuamente libres de la sociedad egoísta e individualista de occidente, finalizando con una afirmación que es una profecía, que no será otra que la destrucción de occidente como cultura, la idea más lapidaria se encuentra en la decadencia de la literatura “La literatura que no es aliento para la sociedad contemporánea, que no se atreve a transmitir los dolores y los temores de la sociedad, que no advierte a tiempo las amenazas contra la moral y los peligros sociales, no merece el nombre de literatura, sino que es sólo una fachada. Esa literatura pierde la confianza de su propio pueblo, y sus obras publicadas se utilizan como papel higiénico en lugar de ser leídas”. Las críticas fueron muy fuertes, aparte de nacionalista, ahora era un retrograda, misógino, machista y fanático. A pesar de ser un hombre tremendamente criticado, el gobierno de Putín,  quiso premiarlo por su trayectoria, pero durante la entrevista entre el Premier ruso y  Solzhenitsin, este último le enrostro todo lo que él consideraba errado de su política, para luego negarse a recibir el premio “No puedo aceptar el galardón de parte del poder estatal que ha llevado a Rusia a la desastrosa situación actual. Puede ser que, transcurrido bastante tiempo, este galardón lo acepten mis hijos”.

Solzhenitsin aún le quedaba su último combate, por muchos años acaricio la idea de escribir un gran libro de historia - ensayo sobre las relaciones entre los rusos y los judíos, por diez años investigó y escribió un largo texto que fue publicado en 2001 con el sugerente título de “Doscientos años juntos (1795 – 1995)”, debo confesar antes de hacer mención a las ideas centrales del texto, que para mí fue una verdadera odisea poder leer solo una parte pequeña del libro, no porque no quisiera leerlo o fuera muy complejo, sino por la casi imposibilidad de encontrarlo, no existe una versión en español, tampoco en inglés (a excepciones de traducciones piratas de dudosa veracidad y rigurosidad), solo hay versiones del libro en francés y alemán que además son muy limitadas, el gobierno ruso ha realizado una censura del libro para “defender la honra de un genio, que cayó en la demencia senil” o por lo menos esa parece ser la justificación infantil que se ha entregado a occidente, que dicho sea de paso, no le ha molestado para nada tal censura, parece que existe un miedo casi terrorífico a dar a conocer el texto, como si este dijera una verdad que no se puede saber, pero en honor de lo poco que he podido leer me ha parecido mesurado e intelectualmente superior.
Después de las explicaciones y apelando a la indulgencia del lector paso a explicar un poco este ensayo, en primer lugar es muy sincero, descarnado y realista, muestra los vaivenes de las relaciones entre rusos y judíos, exponiendo con detalle las crueldades que ambos grupos se infringieron en su larga historia, probablemente el punto máximo del ensayo es cuando entra a relatar los movimientos revolucionarios dirigidos por anarquistas y comunistas, no escatima constantemente mostrar que estos  no estaban integrados ni por judíos, ni rusos, en verdad, ya que eran hombres odiosos de las culturas rusa y judía, que habían abrazado ideas occidentales contrarias a los grandes valores de las culturas que representaban respectivamente, para implantar por la fuerza de la irracionalidad en Rusia una ideología “del odio”, cómo se puede ser judío se pregunta el escritor sin creer en Dios y los valores de la judería, como se puede ser ruso sin creer en Dios y la gran ortodoxia, ese es el punto central de su examen, finalmente el texto termina con una reflexión sobre la culpabilidad de ambos grupos y la necesidad del perdón como única forma de construir una verdad liberalizadora y una relación de hermandad, Solzhenitsin plantea que ya no se puede seguir con esas viejas y anquilosadas mistificaciones y mutuas acusaciones que solo crean un muro de separación, por esta razón la verdad es fundamental para el perdón y este para construir una convivencia genuina.

Cathy Young La auto impuesta
defensora de los derechos cíviles

Antes de ser publicado el texto varios editores sobre todo de Francia, Inglaterra y Estados Unidos le hicieron presente el problema de publicar su obra porque se podría considerar “antisemita”, lo que significaría una a remetida más fuerte que nunca en contra de su trabajo, Solzhenitsin nuevamente no tuvo miedo, porque iba a tener miedo, solo lo tienen aquellos que no aman la vida, el libro se publicó en Rusia, Francia y Alemania, la crítica no se hizo esperar por parte de “grupos de defensa de los derechos civiles” o por lo menos dicen hacerlo, socialistas de la “nueva era” y algunos grupos judíos extremistas que a la más leve critica enarbolan la bandera del “fascismo” y “antisemitismo”, la periodista del Boston Globe Cathy Young fue el vivo ejemplo de esta barbarie inquisidora, lo crítico furiosamente con un artículo titulado “Tradicionales perjuicios: El antisemitismo de Alexander Solzhenitsin”, lo curioso de la crítica de esta periodista es que el libro no estaba disponible en inglés y al menos que ella supiera ruso no veo la forma de cómo pudo leerlo en 2002 (aun no salía publicada las versiones en francés y alemán), aún más después de una leída simple del artículo se puede apreciar que la señora Cathy utiliza solo fuentes periodísticas para construir sus argumentos y en ningún caso las obras del escritor ruso, pero obviando esta acción, ya que los periodistas gustan de citarse entre ellos como fuente de absoluta confianza, y perdonando las ironías ridículas que realiza ahondemos en las partes que la señora periodista obvio en su destemplado y aparentemente ignorante comentario del libro y es que Solzhenitsin realiza una crítica dura y directa a las políticas inhumanas de los “polgromo”, alaba las ideas del ministro Pyotr Stolypin por terminar con las injustas medidas antijudías del gobierno de Nicolás II, muestra descarnadamente las lamentables acciones de los ejércitos blanco y la odiosa propaganda en contra de los judíos tildándolas de inhumanas, realiza un sentido homenaje a las víctimas del holocausto durante la Segunda Guerra Mundial y destaca la acción de la comunidad judía en la defensa de la madre Rusia. Además de exponer una descarnada crítica al fascismo germano y su torpe política anti judía. Por tanto, que ideas antisemitas vierte Solzhenitsin en su libro, decir por ejemplo que una parte de anarquistas y comunistas eran de origen judío, que eran jóvenes extraviados, cansados de las injusticias hacia su comunidad y que abrazaron estas ideologías nihilistas como única forma de sacudirse el yugo de la opresión, pero que con esto traicionaron su legado, creo que eso no podría considerarse un concepto antisemita, más bien una verdad histórica y una interesante hipótesis, que está muy de la mano con la opinión de muchos rabinos que condenaron las acciones de miembros de su comunidad por alejarse del camino de la “Tradición”, al parecer la señora Young, solo ve lo que desea ver, y es que ella es una mujer de ideas fanáticas e intolerantes, ya que al final de su pobre articulo remata este con el siguiente pero muy clarificador argumento “El anticomunismo de Soljenitsin, cada vez más claro, nunca fue una defensa de la libertad individual. Era una defensa de un tipo diferente de colectivismo: étnico, religioso y tradicionalista. Esto está lejos del único momento en que una mentalidad tan antisecular, antimodernista y antiindividual ha estado vinculada a prejuicios contra quienes no encajan en el colectivo”  aquí se puede apreciar todo su odio reprimido en contra de los que no se alinean a su visión de lo “POLITICAMENTE CORRECTO”, por eso el ruso Sholem Aleijem, debe cuidarse de la señora Young, ya que su libro “Las hijas de Tevye” (El Violinista en el Tejado, versión cinematográfica) expone un tema que no se debe mencionar a juicio de la periodista y puede ser acusarlo de expandir el antisemitismo por presentar a un judío – bolchevique - comunista en su narración, como lo era  “Perchick”.
Amos Oz

Solzhenitsin salió de su exilio autoimpuesto y dio una rondad de prensa en donde explicó sus dichos, cosa ridícula porque se debe leer el libro para darse cuenta que no tiene nada de antisemita, pero hay personas que por su condición intelectual requieren mayores explicaciones, expuso con honestidad que su libro no habla de odio sino de “verdad” y “reconciliación”, porqué sin una no puede existir la otra, finamente de la inteligencia israelita salió la defensa a su texto encabezada por el eterno candidato al premio Nobel Amos Oz, no podía ser menos, un intelectual y novelista que palpo en carne propia la incongruencia de los fanáticos de siempre, aquellos que solo entienden, lo que desean comprender y todo lo demás lo vuelven un tribunal inquisidor, defendió a Solzhenitsin,  porque consideró que su libro era un acierto y una verdad ineludible de la que se debe hacer cargo rusos y judíos, defendió a Solzhenitsin porque por muy dura que sea la verdad, es la única fuerza liberalizadora de los hombres y lo defendió porque un espíritu libre, reconoce a otro espíritu libre en su camino, lo tildaron de traidor, pero Oz no le importó, no era la primera vez que lo hacían y no sería la última “Autores, intelectuales, artistas: Emile Zola, Thomas Mann, Pasternak, Solzhenitsyn. ¿Por qué irnos tan lejos? (…)Puedo seguir así toda la noche, pero quiero decirles que este club es tan honorable que si lo comparáramos con el de los políticos, líderes e intelectuales que jamás fueron acusados de traición por sus contemporáneos, creo que el club de los ‘traidores’ es más respetado históricamente. Cuando alguien me llama traidor me agacho para levantar esta etiqueta y colocármela como insignia. Por lo menos tengo compañía excepcional (…) No puedo afirmar eso hoy pero sí les puedo decir otra cosa: quienes hoy les tiran piedras son efectivamente herederos de aquellos que les tiraban piedras a los profetas de Israel. Muchas gracias.” A pesar de ello el libro no se publicó en español por considerar que había muchos problemas, mientras que las ediciones en alemán, y francés fueron muy limitadas, en la web ha sido muy restringida su publicación y aparecen extractos muy poco confiables, en páginas aún menos confiables, que tienen olor a fascistas encubiertos. Los fanáticos que como muy bien dice Amos Oz no desean ver, ni oír la verdad, no lograron frustrar a  Solzhenitsin, no lo habían podido doblar fuerzas inconmensurablemente más fuertes, no había ido al infierno del Quinto Circulo del Gulag y regresado para sentirse intimidado por unos pocos arrogantes que se auto denominan defensores de los sagrados derechos de las personas, aun cuando ellos mismos las violan impunemente o apoyan acciones de dudosa ética política.
Un último comentario sobre este punto, es que si el gobierno ruso no libera los derechos para su publicación masiva, y para que además se realicen traducciones a diferentes idiomas, el libro puede ser tergiversado y manipulado por grupúsculos de fascistoides que ridículamente pueden usarlo como propaganda pervertida de sus ideas, como sucedió con el ensayo de Arthur Koestler “La decimotercera tribu” obra que el autor escribió con la clara intención de criticar las ideas antisemitas esparcidas por el nacionalsocialismo, recordemos  que  Koestler es judío (su madre era judía), vivió un tiempo en un  kibutz y abrazó el sionismo y las ideas de Zeev Jabotinsky. Fue un comunista convencido, hasta que vio lo que Stalin realizaba, esto lo hizo cambiar a un socialismo menos militante, todo lo que he dicho de Arthur solo tiene la clara intención de hacer notar que el autor de la Decimotercera Tribu ni en sus sueños más decadentes sería posible que fuera partidario de los fascismo, pero estos grupos se han apropiado de su obra utilizándola como parte de su propaganda perversa antisemita, por esta razón es prudente y muy acertado que la obra de Solzhenitsin deje de ser estúpidamente censurada o será pasto de estos grupos contrarios al judaísmo.

            El tiempo se había terminado para el gran perseguido de la tierra, pocas vidas han sido tan ricas en avatares, tan prolífica en poesía y tan profunda en reflexión, por ello el 3 de agosto de 2008 antes de expirar a consecuencia de una insuficiencia cardíaca en su residencia de Moscú, pudo decir las palabras sagradas de Jesucristo en la cruz “padre todo está hecho”. Cuando el público se enteró de su muerte a través del comunicado dado por la familia sintió un gran pesar, rápidamente las autoridades a las que el tanto crítico se hicieron presentes con un funeral de estado, para apropiarse de la memoria de un hombre digno e intelectual, se le velo en la sede de la Academia de las Ciencias de Rusia, se le llevo en la cureña militar cual trofeo de exhibición, pero también estuvieron los otros, aquellos que leyeron sus obras, reflexionaron con sus palabras y amaron la verdad de su verbo y como muy bien dice Yevgraf  (Alec Guinness) durante el funeral de su hermano Yuri en la película “El Doctor Zhivago “el pueblo ruso ama  la poesía y por ello  sabe cómo se debe amar a sus poetas” por esto acudieron en masa los moscovitas, para rendirle un último homenaje. Al hombre que pidió ser enterrado junto a la tumba del historiador ruso Vasili Kliuchevski  en el cementerio del monasterio Donskói de Moscú, como un verdadero ruso, en la ortodoxia misma. Se le recordará como el gran crítico del Comunismo por la propaganda liberal, pero ese apelativo no es del todo real, porque como hemos visto Alexander Solyenitsin en realidad también fue un crítico del modelo neoliberal, fue un hombre que elevo su voz ahí en el desierto para todos aquel que lo desearon escuchar, para todos los que fueron perseguidos, difamados, odiados y sometidos, porque mientras exista un solo campo de Concentración, un lugar de tortura, un lugar donde no se le permita expresarse a un hombre, aun estará vigente la obra de este ruso, que fue el ejemplo de una Fe superior, porque como muy bien nos dice Pearce es “un alma en el exilo”.

Funeral del perseguido de la tierra



lunes, 17 de abril de 2017

ETIENNE GILSON UN PENSADOR REVOLUCIONARIO


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Etienne Gilson
UN PENSADOR  REVOLUCIONARIO



Para Mauricio Tapia,
un verdadero amigo, por
Las largas conversaciones
Sobre Santo Tomás de Aquino






Cuando aún cursaba mis estudios en la universidad en historia y teniendo un tiempo libre entre lectura y lectura, decidí despejarme viendo una película en el cine, cuando llegue a la ventanilla de éste último me fije que la película que se estaba exhibiendo tenía el título “De Mao a Mozart”, el nombre no me dijo nada en ese momento, una vez instalado en la butaca pude ver un largo documental realizado por el director Murray Lerner sobre el viaje realizado en 1981 por el extraordinario  violinista Isaac Stern a China Popular. En la película se mostraba una mezcla extraña, ya que por una parte mostraba el arte en acción y un mundo cultural, en este caso el chino, sediento de éste y como contra partida una bestial y barbárica arremetida por parte de un hombre que simbolizó el terror destructivo del arte, el hombre se  llamó Mao Zedong y su seudo revolución cultural, pero el arte sobrevivió mientras que el mal desapareció. Ahora se preguntará el lector por que iniciar una introducción a partir de un recuerdo cinéfilo, simple, que lo presentado por Lerner es muy parecido a lo ocurrido a la cultura católica occidental, una furiosa arremetida por parte de un mundo barbárico, que quiso sacar primero el saber medieval, luego el pensamiento cristiano y no contento con esto, finalmente a Dios del orden de la cultura occidental, pero a pesar de este gran y colosal esfuerzo, la historia tiene su mecánica para amoldarse, mecánica que ésta más allá del hombre y del tiempo línea, y quien pensaría que los hijos del positivismo, o sea del más frío pensamiento humano saldría una poderosa elite intelectual capaz de traer nuevamente el mundo medieval, cristiano y a Dios a la mesa de occidente como una fuerza de la razón tan respetable como el resto del engranaje del pensamiento occidental. Es en este renacimiento cultural en donde se destacó la figura del pensador, escritor y filósofo francés Etienne Gilson.
            Hablar de Etienne Gilson, es hablar de una de las mentes más preclaras de Francia del siglo XX, un hombre que por su naturaleza espiritual se abocó a los estudios y la investigación en el área de la historia y la filosofía. Un hombre que realizó un gran aporte a los estudios tomistas. Para comprender mejor a este gran pensador galo, es necesario introducirnos en otro de los hombres grandes del pensamiento europeo y cristiano, que fue la pasión de Gilson, nos referimos a Santo Tomás de Aquino, el filósofo escolástico del siglo XII que construyó toda una mecánica de pensamiento humano que aún hoy perdura.
           
 Santo Tomás de Aquino, aquel “buey mudo” que bramo tan fuerte que el eco de su pensamiento sigue inspirando generaciones de pensadores, ha tenido dos momentos de singular importancia en la historia, fuera claro ésta de su propia época. Durante el periodo de la reforma católica en el siglo XVI, su obra fue intensamente estudiada, sobre todo por los grandes juristas españoles  como lo fueron: Suarez y León, sólo por dar dos ilustres nombres, quienes fundaron una importante escuela de derecho natural, basada en las ideas que extrajeron de la escolástica que hasta nuestros días tiene una gran importancia e influencia en el mundo de la filosofía y el derecho.
El segundo momento fue a fines del siglo XIX y la segunda mitad del XX, que se inicia con un llamado del Papa León XIII En la encíclica Aeterni Patris, en esta pide a los intelectuales interesarse por las ideas de Santo Tomás de Aquino, es importante tener presente que los estudiosos que se inspiraron en esta encíclica no deseaban desenterrar un pensamiento y transformarlo en una pieza de museo viviente, eso hubiera sido una falta de especulación histórica e intelectual, muy por el contrario se trató más bien, de revalorizar el pensamiento de los grandes maestros de la escolástica, muy  particularmente la doctrina de Santo Tomás  de Aquino, construyendo a partir de ella nuevas concepciones políticas, filosóficas, éticas e históricas, era por tanto una verdadera revolución, que vino a sacudir como todas las revoluciones  los viejos cimientos del mundo cristiano y de occidente.
Los jóvenes intelectuales que oyeron la voz de su Santidad, se impusieron la tarea de impulsar el estudio de la escolástica directamente de las fuentes, a partir de este punto construir un edificio nuevo en el pensamiento filosófico contemporáneo que diera respuesta a las grandes interrogantes del hombre moderno, pero que también respondiera a los problemas de nuestra época.  Bajo el paraguas de esta escuela Neo – Tomistas se encuentran nombres de todas las partes de Europa como los franceses: padre Reginald Garrigou-Lagrange y Jean Maritain, el polaco Mieczyslaw Krapiec, los ingleses Federick Copleston, Cherteston y Christopher Dawson, los españoles Julián Marías y Antonio Millán Puelles, solo por nombrar alguno, de entre una gran masa de destacados intelectuales cristianos. Entre estas selva de mentes brillantes se encuentra nuestro Etienne Gilson.
Antonio Millán Puelles

Etienne Gilson nació en la ciudad de París, hijo de una familia católica asistió al seminario-colegio diocesano de Notre-Dame-des-Champs, donde cursó sus estudios básicos, para luego ingresar en el Liceo Enrique IV donde realizó su bachillerato. Después de cursar sus estudios realizó su servicio militar obligatorio, para posteriormente ingresar a la universidad de la Sorbona. En este lugar se empapo de lo único que se dictaba en esa época en las aulas humanistas y científicas, positivismo, positivismo y más positivismo. Como tenía importantes inquietudes metafísicas decidió al igual que Jean Maritain tomar las clases del metafísico del momento, el gran escritor y filósofo Henri Berson, que impartía clases en el Instituto de Francia – organismo que tenía una fuerte rivalidad con la Sorbona -, aquí pudo empaparse de las primeras ideas sobre el SER, la existencia y la intuición de la mano de una de las mentes más brillante de la época, no por nada, Berson recibiría los  premios de literatura francés y el  Nobel de literatura más tarde.
Cuando realizaba sus estudios de doctorado en la Sorbona, su maestro de tesis el profesor Lucien Lévy-Bruhl, le propuso que estudiara los pensamientos de Rene Decartes, curiosamente los estudios de este destacado pensador y matemático del siglo XVI, considerado un verdadero revolucionario en el pensamiento científico moderno, lo empujo en la vertiente contraria al positivismo y las ciencias, lo lanzo directamente a los brazos de la escolástica, ya que como bien sabemos, Decartes creo toda una mecánica de pensamiento para combatir lo que él denominaba la “vetusta escolástica medieval”, lo curioso del caso era que el deseo insaciable de este pensador del siglo XVI por construir un edificio filosófico completamente nuevo, lo llevo a mantener las categorías del pensamiento de los escolásticos muy especialmente las de Santo Tomás de Aquino, esto llevo inevitablemente a Gilson a sumergirse en el estudio filosófico del Doctor Angélico, pero también de otros pensadores de la época como San Buenaventura, con el tiempo el mismo Gilson diría: “En cuanto vi claro que, técnicamente hablando, la metafísica de Descartes no era más que un amaño chapucero de la metafísica escolástica, decidí aprender la metafísica de aquellos que realmente la habían sabido, es decir, de aquellos escolásticos a quienes mis profesores de filosofía podían despreciar libremente, ya que no los habían leído” ( Dios y la filosofía, p. 20.)
Rene Decartes


Después de estudiar las obras de Santo Tomás y a San Buenaventura, se percató de que la vapuleada escolástica poseía una rica veta de especulación filosófica y que esta había sido literalmente silenciada bajo el manto de ser una filosofía impropia de la razón, al parecer los grandes pensadores de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX estaban muy dispuestos a creer en unicornios, en hombres que nacen buenos debajo de una encina, en la dialéctica o en charlatanes que podían predecir el futuro a través de la astrología como Nostradamus, pero no así de la religión y los pensadores medievales por ser estos contrarios a los preceptos sagrados de la razón y las ciencias. Gilson al percatarse que el gran edificio de la filosofía moderna y contemporánea estaba construida bajo cimientos de la antigüedad clásica y medieval entonces se aboco por entero a estudiar este periodo del pensamiento europeo, deseaba desenterrar los viejos conocimientos silenciados o enterrados y luego especular sobre ellos, en otras palabras comenzó a construir en donde Santo Tomás y los demás escolásticos habían quedado.
En 1913, se inicia su trabajo docente enseñando en la escuela Lille, este período docente fue bruscamente interrumpido por el estallido de la Primera Guerra Mundial, al final de esta conflagración retorno a sus clases. La Universidad de Estrasburgo le entregó una cátedra en historia de la Edad Media. Posteriormente su Aula Mater, la universidad de la Sorbona le dio la cátedra de historia medieval y en la École pratique des Hautes-Études de París enseño también historia medieval, en este período comenzó a publicar la revista anual “Archivos de historia doctrinal y literaria de la Edad Media”. Sus conocimientos eruditos de la Edad Media impresionaron al mundo universitario e intelectual de la época, las especulaciones acerca de la filosofía y los pensamientos fueron base para otros investigadores del área.
Pronto su fama de gran medievalista lo hizo conocido en los ámbitos intelectuales tanto de Europa como de América, su gran dominio de los autores escolásticos y de sus fuentes hizo que fuera conocido como un maestro entre los maestros. Fue solicitado para enseñar en diversos países, y desde el año 1926 empezaron sus viajes a Canadá y Estados Unidos. La universidad de Toronto lo invitó a fundar el Instituto de Estudios Medievales, creándose en forma oficial en el año 1929 por inspiración de Gilson. Sus estudiantes extendieron su influjo por toda América del Norte. Entre los cursos dictados en sus viajes se encuentran lecciones magistrales que luego se convertirían en algunas de sus obras de mayor relevancia en el ámbito filosófico: las «Gifford Lectures» en Aberdeen (1931-32), publicadas bajo el título El espíritu de la filosofía medieval, las William James Lectures en Harvard (1936) publicadas como La unidad de la experiencia filosófica, y la inauguración de la Cátedra Cardenal Mercier en Lovaina en 1952, que dio origen a su libro Las metamorfosis de la ciudad de Dios.


En esta vía, Gilson no sólo se conformó con presentar obras de especulación metafísica escolástica como las que hemos mencionado, sino que intento dar toda una visión universal de la metafísica medieval a través de sus obras generales de historia del pensamiento filosófico. En esta área encontramos libros como “La filosofía en la Edad Media”, “Historia de la filosofía medieval” y “El espíritu de la filosofía medieval”. En este mismo contexto encontramos obras monográficas como “La filosofía de San Buenaventura”, “Duns Scoto”, “El Tomismo”, “Introducción al sistema de Santo Tomás de Aquino” y “Santo Tomás de Aquino”. Obras menos conocidas, pero de gran importancia por su nivel de crítica son sus estudios sobre otras etapas de la historia de la filosofía que son “Filosofía moderna: de Descartes a Kant”, y “Filosofía contemporánea: de Hegel al presente”.
A continuación analizaremos el pensamiento de Etienne Gilson, como hemos mencionado anteriormente, Gilson dio un impulso decidido a la filosofía tomista, esto se debió principalmente al hecho, que esta representaba en la práctica según el pensador galo, la última forma concreta de filosofía metafísica real. Antes de la escolástica, sólo habían habido dos pensadores metafísicos, estos eran Platón y Aristóteles; después de la escolástica, no existía ningún antecedente real de metafísica, las ideas de construir mecánicas de metafísica por parte de Descartes, Kant y Hegel sólo había sido un complicado proyecto, lleno de estructuras de ideas sobre el alma, espíritu y el lenguaje, pero que en la práctica no exponía ningún concepto real de metafísica, en otros términos eran unas complejas cajas de cerraduras, llenas de claves y cerrojos, pero vacías en su interior. En este mismo plano y sin decirlo el maestro Gilson, criticaría las ideas de Heidegger o Foucault, por estar vacías de contenido metafísico y solo llenas de complejas ideas sobre la existencia y el ser, pero sin tener la capacidad de conocerlo, dejando un gran espacio de tierras baldías, un vacío existente y existencial, con  una moral flexible, muy flexible, una incapacidad de juicio de ningún carácter y peor aún, con una capacidad asombrosa por parte del hombre de no conocer nada. Gilson presenta como única solución viable la aceptación de la metafísica tomista, pero ésta comprendiéndola como la base para nuevas especulaciones.

A través de la valoración de la metafísica escolástica, Gilson abre la puerta para colocar un problema de vital importancia en la historia de la filosofía, que hasta ese momento parecía estar solucionado o por lo menos así deseaban presentarlo algunos, este problema era la inexistencia de la filosofía en la Edad Media. Toda especulación filosófica parte de la búsqueda del ser y de su sentido, por cuanto en la Edad Media esta búsqueda no se realizó, ya que el pensamiento en este período parte del hecho irrefutable del conocimiento absoluto del ser y del sentido que este tiene. La fe en este caso sería el vehículo de conocimiento y no la especulación racional, en otros términos se partiría del hecho que la fe es la base del conocimiento del ser, por esta razón tanto el medio como el fin estarían fuera de las tierras de la filosofía y dentro del área de la teología; según el pensador alemán Martín Heidegger, uno de los más resueltos exponentes de esta corriente, plantea que fe y razón filosófica son contradictorias entre sí, ya que la filosofía parte de un deseo insaciable de preguntar por el ser, mientras que la fe parte del hecho que conoce la respuesta, por cuanto estas dos fuerzas se anulan entre sí, sin que exista la más mínima posibilidad de unión, Gilson daría una feroz y arriesgada refutación a esta idea expuesta por Heidegger.
Gilson, tomo un camino muy arriesgado como se podrá ver, no solo reconoció la existencia de la filosofía en la Edad Media, sino que arriesgándose aún más dijo resueltamente que existía una filosofía propiamente cristiana, en sus lecturas Gifford, defendió con tenacidad esta postura, exponiendo que si bien un cristiano conocía la existencia del ser y el porqué de este, su especulación radicaba de cómo esta existencia se realizaba y cuáles eran los argumentos del fin del hombre en el universo, era un “Gran Misterio”, que a través de la filosofía y la historia se podría dilucidar, por tanto el hambre insaciable de preguntas filosóficas no llegaba a su fin con el conocimiento del ser, sino que abría una nueva y más compleja puerta para la especulación filosófica, en este punto es importante lo dicho por el poeta Coleridge, cuando resueltamente se permitió decir que la imaginación estaba fundada en un acto de fe, una fe en la capacidad humana de conocer algo cercano a la verdad, ese es el gran misterio de Dios, el hombre sólo es capaz de conocer y especular en una infinitud dentro de lo infinito.
La postura de Gilson, fue la bandera de todos los neo – tomistas, pronto salieron a su encuentro una gran masa de detractores que pensaban que toda idea religiosa, teológica o mística estaba completamente superada en los estudios humanistas. El  historiador racionalista Emile Bréhier, fue uno de los primeros en salir al paso, este historiador aducía que el cristianismo, en realidad, no era una doctrina especulativa, sino únicamente una predicación que exigía un carácter moral o práctico, basada en una verdad absoluta, que era sostenida exclusivamente por la fe.
Emile Bréhier,

La polémica intelectual prendió con rapidez, en 1931 “La Sociedad Francesa de Filosofía” promovió un primer debate en torno al tema de la existencia de una  “filosofía cristiana”, no solo Gilson y Bréhier fueron invitados a debatir, sino que se unió un conjunto de detractores y defensores, entre estos últimos se encontraba el gran Jean Maritain que no podía dejar pasar una ocasión así, ya que su naturaleza lo llamaba a la discusión y a la polémica. El debate no quedo entre las cuatro paredes de los salones universitarios, y pronto fue un punto de conflicto intelectual en gran parte de las aulas universitarias occidentales, además de las revistas y libros. Gilson había dinamizado el mundo intelectual que parecía un monolito de fe en la razón puramente humana y la ciencia; nuevamente hacia su aparición la especulación metafísica a dar la batalla.
En la actualidad se ha llegado a un consenso cada vez mayor entre fe y razón, se ésta intentando llegar a una verdadera síntesis más profunda y especulativa sobre estos términos, claro  que quedan algunos espíritus retrogradas como Michel Foucault, que buscan una defensa desesperada del racionamiento  puro. Lo cierto es que entre las disciplinas filosóficas y teológicas se han llegado a importantes consensos sobre todo en cuestiones antropológicas, después de todo una de las grandes necesidades del hombre es la verdad y esa es su tendencia natural. No es nuestra intensión ahondar más en este punto, pero con lo expuesto creemos que hemos dado cierta luz a cerca de la filosofía cristiana.
Ahora pasemos a una cuestión vital en Gilson, el estudio sobre el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, al cual el pensador galo le dedicó gran parte del tiempo de su vida. En esta materia Gilson hecho luz en tres aspectos fundamentales del tomismo.
En primero lugar, realizó una separación muy conveniente entre el pensamiento del “Buey Mudo y Aristóteles, colocando de manifiesto sus diferencias y exponiendo lo original del pensamiento del Doctor Angélico, recordemos que por mucho tiempo se había pensado que Santo Tomás no tenía nada de original, toda su filosofía era una muy pobre copia de las ideas del estagirita, el pensador galo realizó importantes precisiones en el pensamiento de Santo Tomas, demostrando largamente que Aristóteles solo servía para reafirmar ideas que el Buey Mudo ya tenía en materia de metafísica y ética.

En segundo lugar, expuso la diferencia de los sistemas de los diversos pensadores medievales, hasta su época era muy común colocar en un mismo saco a San Agustín, San Buenaventura, Duns Scoto, Santo Tomás de Aquino. Gilson colocó de manifiesto las grandes diferencias de cada uno de los pensadores medievales, si bien es cierto que cada uno de ellos parte del mismo principio, todos ellos siguen caminos y fines totalmente distintos entre sí, con esta demostración les devolvió  una originalidad que se les había quitado por el tiempo y las síntesis que se había realizado a cada uno de los filósofos medievales.
En tercer lugar, y no menos importante, realizó una separación distintiva entre Santo Tomás y sus posteriores comentadores, de esta manera saco todo aquello que el Aquinate nunca había dicho, pero que se daba por hecho que lo había expuesto, debido a la tradición o la fuerza de sus comentaristas, como es el caso del español Suarez en materias de derecho natural. Gilson expuso que el mejor tomismo es aquel que va directo a la fuente. Desgraciadamente, la crítica de Gilson a los comentaristas está muy reducida a un solo punto y este es “la existencia del ser”, se ha dicho mucho que Gilson en su deseo de defender la pureza del pensamiento metafísico de Santo Tomás dejo a muchos grandes pensadores e intelectuales fuera del círculo tomista, se ha comentado en forma irónica que bajo el juicio de Gilson, solo Gilson era el único comentarista del Aquinate reconocido.
Uno de los temas que apasionaban a Gilson y creía que era importante para una mejor comprensión de la importancia de la filosofía medieval y tomista en particular, era el concepto del “SER”. Para estudiar este complejo tema, Gilson lo abordo desde un punto de vista filosófico e histórico, dos áreas del conocimiento que el pensador galo manejaba ejemplarmente.
El primer problema que aborda Gilson es como el hombre comprende el “Ser”, el hombre tiene una experiencia permanente del ser en toda su grandeza e infinidad, pero si bien tiene esa experiencia cotidiana, no reflexiona sobre este punto, sino que lo da por hecho, por lo que pierde la esencia de la certeza. Por lo que el hombre debe volver a su compenetración con el ser a través de la intelectualidad y la sensibilidad. Por tanto todo acercamiento con el ser inevitablemente lo empujara a una metafísica especulativa.
Este último punto que nos parece tan lógico y práctico ha sido arrebatado al hombre, el quiebre se encuentra en la pérdida del camino especulativo filosófico y moral; esto a juicio de nuestro autor es producto del doble quiebre de la cultura occidental en el siglo XVI, a través de las “revoluciones científica y religiosa”. En otras palabras occidente perdió su camino abrazando exclusivamente la técnica como único elemento de progreso, por una parte y creando constantemente nuevos referentes ideológicos para llenar el terrible vació existencial, en palabras de Gilson: “las condiciones caóticas de la filosofía contemporánea, con su correspondiente desbarajuste moral, social, político y pedagógico, no se deben a falta de perspicacia filosófica por parte de los pensadores modernos, sino que se origina, sencillamente, en el hecho de que hemos errado el camino, por habernos olvidado de ciertos principios fundamentales que, por ser verdaderos, son los únicos en que puede basarse, lo mismo ahora que en tiempos de Platón, todo saber filosófico digno de tal nombre (Étienne Gilson, Dios y la filosofía. p. 21).
La pérdida de la especulación del ente en cuanto tal es asombrosa y peligrosa al mismo tiempo, ya que por un lado crea la sensación mágica de la “nada” como base de la existencia y partiendo de esto se crea un edificio en el cual todo es nebuloso y difuso, basado claro está en una falsa moral de la tolerancia y la aceptación de lo diferente. Para sustentar esta idea de la nada se ha construido una falsa metafísica basada en supuestos silogismos, solamente imaginativos del lenguaje y la idea, pero esta concepción metafísica resulta tan falsa como su base de apoyo, la nada, en otros términos el nihilismo en su máxima expresión.
La oposición al nihilismo contemporáneo viene de la mano como lo expresa Étienne Gilson desde una perspectiva de síntesis, entre la unidad de la esencia y existencia, tal y como lo señaló Santo Tomás de Aquino, por esta razón Gilson realiza un gran esfuerzo por sacar la médula del pensamiento tomista, lo que él denomina la  metafísica existencial, la cual fija su estudio en el acto del SER.
           No ha sido poca la contribución de Étienne Gilson al desenterramiento de la metafísica y la recuperación del conocimiento cristiano para nuestro tiempo; el esfuerzo del gran movimiento intelectual inglés, francés, español y de otros más, dio las bases para un estudio sistemático de la vieja tradición medieval, tan vapuleada y despreciada desde la ilustración hasta nuestros días. Personas como Gilson tuvieron la suficiente entereza y fuerza para oponerse al movimiento a – histórico de la razón y devolverla en parte al sendero de la historia. Cuando no existe la unión entre fe y razón un vació se introduce en el alma de la cultura corrompiéndola lenta y pausadamente y cada solución que no implique tal unión,