EN LAS ARENAS DE ARRAKIS

viernes, 13 de octubre de 2017

EL MITO DE HIPATIA DE ALEJANDRÍA UNA CARICATURA PARA TODOS LOS TIEMPOS





EL MITO DE HIPATIA DE ALEJANDRÍA
UNA CARICATURA PARA TODOS LOS TIEMPOS

Este texto está dedicado a las dos victimas
De este drama macabro, a ella
La gran y verdadera Hipatia de Alejandría
Y a él, a San Cirilo de Alejandría
Hombre bueno y amante de la sabiduría

            Corría el año 2009 y el cineasta Alejandro Amenábar estrenó su última superproducción por entonces, la película «Ágora», un film que trata la supuesta vida de una de las matemáticas y científicas más reconocida en occidente, pero al mismo tiempo menos conocida de la antigüedad clásica; una mujer enigmática que como legado nos ha dejado una leyenda sobre su vida, alimentada por una propaganda mal intencionada y chauvinista que ha buscado y busca en forma artera desacreditar a la Iglesia Católica a través de una mentira muy bien construida y alimentada por deseos ideológicos propios, que escapan a la verdad histórica. En el siguiente artículo escarbaremos en los recovecos de la vida de esta sabia mujer, para luego introducirnos en las visiones desdibujadas de la realidad que se han dado a través de los diversos periodos históricos en que se ha exaltado su figura y el porqué de esta caricaturización de los hechos.

Escribir una biografía de Hipatia de Alejandría sería un trabajo titánico, no por lo complejo de su vida y sus obras, sino por la carencia casi absoluta de fuentes que se refieran a ella. Si exponemos cuales son los testimonios de primera mano que tenemos para el estudio y reconstrucción de su vida, solamente podemos identificar uno, las cartas de Sinesio de Cirene, obispo católico, que fue su discípulo, en quien dejó una profunda huella. Este, durante su vida, envió a la filósofa y al círculo de sus exalumnos, una serie de epístolas donde le pide consejos acerca de diversos temas intelectuales; en ellas realiza gratas reminiscencias de su estadía en Alejandría y también pide consuelo por sus sufrimientos por la pérdida de sus hijos en circunstancias trágicas que desconocemos. Por lo que se desprende del tono de las misivas, muestra una profunda admiración y respeto por los conocimientos y sabiduría de Hipatia, a la que reconoce como maestra y figura central del círculo intelectual de Alejandría. A partir de ellas podemos hacer una serie de inferencias y especulaciones interesantes, pero deseo dejar en claro este punto: SOLO SON CONJETURAS bien fundadas y argumentadas.


            Las otras fuentes antiguas que se refieren a Hipatia son más bien tardías o contemporáneas en el tiempo, pero referenciales en los hechos, valga decir que se escribieron muchos años después de los acontecimientos o que utilizaron otras fuentes desconocidas para reconstruir lo sucedido con la filósofa. La obra referencial que se hace parte de la vida de la alejandrina es la escrita por Sócrates Escolástico, también conocido como Sócrates de Constantinopla, se trata de un autor que escribió durante el siglo V d. C. Fue un sabio profundamente católico ortodoxo y su obra se enmarca en el relato de los hechos de la Iglesia y el imperio, siguiendo la tradición del historiador cristiano Eusebio de Cesarea. Sócrates en su obra nos relata los disturbios que se dieron en la ciudad de Alejandría que fueron llevados a cabo por las comunidades que habitaban la ciudad, en este caso las cristianas, tanto ortodoxa, como heréticas, los diversos grupos paganos y la muy numerosa comunidad judía. Suponemos que la información la obtuvo en parte, gracias a que dos de sus maestros en filosofía y retórica, fueron antiguos miembros de la élite sacerdotal pagana de la ciudad, nos referimos a Eladio de Cesarea y Amonio Saccas, aun cuando este punto es discutible y de otras fuentes desconocidas.


Sócrates en el libro VII parte 13 y 14 de su obra «Eclesiástica Historia», recoge los hechos que llevaron a la destrucción del Serapio y la biblioteca de este, por motivos que él define como luchas político–religiosas, entre las comunidades cristianas entre sí, en contra del paganismo, la judería y de la autoridad civil imperial. Es en este mundo de caos en que se enmarcan los hechos que hacen referencia a Hipatia de Alejandría. Sócrates nos la presenta como una mujer soberbia en su inteligencia y bella en su figura, aunque no nos clarifica nada de su edad, ni de su obra intelectual. Al referirse a su muerte nos dice: «Fue en aquel tiempo cuando se despertó la envidia contra esta mujer. Sucedió que pasaba mucho tiempo con Orestes, lo que provocó calumnias contra ella entre gentes de Iglesia, como si fuera la culpable de que Orestes no se entendiera con el obispo. De hecho, un grupo de personas que, acaloradamente, alcanzaron la misma conclusión, dirigidas por un tal Pedro (a quien se había empleado como lector), vigilaron a la mujer mientras regresaba a su casa. La sacaron de su carruaje y la arrastraron hasta la iglesia llamada Cesarión. La desnudaron y luego la mataron con trozos de cerámica [ostraka]. Después de descuartizarla, arrancándole miembro tras miembro, llevaron el cuerpo a un lugar llamado Cinaron y lo quemaron.» Como se puede apreciar, su asesinato está envuelto en las luchas políticas como habíamos mencionado, además Sócrates no hace ninguna alusión a la culpabilidad de su muerte a San Cirilo, ni tampoco a los monjes, sino a una turba dirigida por un tal Pedro que podríamos suponer es un personaje ficticio para dar más dramatismo a la escena; tampoco hace alusión que su muerte sería por motivos de su saber filosófico o científico, sino que expresa claramente que la culpaban de los problemas políticos entre el patriarca y el gobernador.



La segunda fuente fue escrita por Damascio, un intelectual y retórico pagano que enseñó algunos años en la capital del Imperio Romano de Oriente. En su juventud fue alumno de Teón, aun cuando las fuentes no han podido clarificar si este es el mismo padre de Hipatia y director del museo en Alejandría. Volviendo a Damascio, fue un gran adversario de los católicos en la corte del emperador Justiniano I, se hizo cargo de la Academia de Atenas y se le considera el último jefe de esta institución, en donde brilló por ser un versado neoplatónico. Cuando la Academia fue cerrada por el emperador, por tratarse de una institución de religión pagana, se refugió en la corte persa del rey de reyes Cosroes I, pero por sus mismos relatos, este periodo fue muy desagradable y rutinario para un hombre acostumbrado a la alta intelectualidad. Fue durante este tiempo de exilio y de inercia intelectual, cuando escribió su obra «Vida de Isidoro», que se perdió en las arenas del tiempo y llega a nosotros en forma fragmentada en obras como el “Suda” (la enciclopedia bizantina), aun cuando se ha podido reconstruir gran parte de ella.  En esta obra, expone toda su rabia contenida en contra de los cristianos y en forma muy particular en la persona de Cirilo, que por aquella época brillaba como un gran sabio y retórico, con una fuerte influencia en la corte imperial. Bajo este sino, Damascio expone la figura del obispo de Alejandría, como el gran responsable de la muerte de Hipatia, además de otorgar un móvil para tal acusación como muy claramente nos expone: «Cirilo, el obispo del partido opuesto, pasó junto a la casa de Hipatia y advirtió la presencia de un grupo numeroso a su puerta, “una confusión de corceles y hombres”. Había quienes llegaban, quienes se marchaban y quienes esperaban. Cirilo preguntó cuál era el significado de aquella reunión y por qué se producía tan gran revuelo. Sus criados le explicaron que se daba la bienvenida a la filósofa Hipatia y que aquella era su casa. Aquella información hirió hasta tal punto el corazón del obispo que preparó un ataque asesino de la manera más detestable. Porque cuando Hipatia salía de su casa como de costumbre, varios hombres bestiales, sin temor a la venganza divina ni al castigo humano, se abalanzaron de repente sobre ella, la asesinaron, e hicieron a su país culpable de la más grande infamia y de derramar sangre inocente. De hecho el emperador se sintió profundamente ofendido en este asunto, y sin duda los asesinos habrían sido castigados de no ser porque Edesio corrompió al amigo del emperador, de manera que Su Majestad, es cierto, levantó el castigo pero la venganza recayó sobre él y su posteridad, puesto que su sobrino tuvo que pagar con creces aquella omisión.» Ahora bien, de las palabras de Damascio se puede apreciar que está en concordancia con el relato de Sócrates de Constantinopla al expresar claramente que la muerte de Hipatia está circunscrita a una lucha política entre las diferentes agrupaciones religiosas, descarta que su asesinato fuera por ser una excelente matemática o filosofa. La gran diferencia con Sócrates se encuentra en la culpabilidad pérfida de Cirilo, ya que se nos presenta en el relato como un hombre envidioso y soberbio que desea destruir la religión pagana e imponer la doctrina católica a todos, para que, de esta forma, lograse controlar el poder político en la ciudad. Pero como ya se  aclaró, la acusación de Damascio se circunscribe a su odio personal en contra de Cirilo y por ello los especialistas descartan como válidos los argumentos y hechos de esa parte del relato. Además no nos da ningún tipo de argumento comprobable más que su idea preconcebida sea aceptable. A este mismo respecto la profesora y doctorada en historia María Dzielska en su libro «Hipatia de Alejandría» expresa que cuando Damascio se refiere a que la alejandrina era vista como del otro bando es decir, como «hairesin» por Cirilo; en la práctica, estaba haciendo una referencia a una conversión de la filósofa al arrianismo o nestorianismo, lo que hace suponer que Damascio no tuvo acceso directo a la historia, sino que utilizó una serie de obras cristianas heréticas para reconstruir los hechos y un poco de su propia cosecha como la acusación en contra de San Cirilo.

La tercera fuente, que también tiene la calidad de ser secundaria, es la del cronista e historiador Juan Malalas, cristiano de fe, aun cuando no se tiene claridad si es herético u ortodoxo. En este punto, los especialistas en general se han inclinado en suponer que era miembro de alguna secta monofisita herética cristiana, por la forma que se refiere a ciertos personajes como Nestorio o Arriano, y la mala voluntad que se proyecta al referirse a los patriarcas ortodoxos católicos en especial a San Cirilo. Juan escribe un relato para un público popular que se llama «Chronographia», en esta monumental obra, en su  libro XIV dedica una referencia a Hipatia que ha ayudado un poco a la reconstrucción de su vida. Por ejemplo, indica que era una mujer de avanzada edad, consultada por los cristianos, paganos y autoridades civiles sobre temas políticos o filosóficos, siendo muy estimada. Esto le trajo la «envidia» del obispo Cirilo, quien deseaba ser el más escuchado intelectual de la ciudad y las iras de algunos cristianos fanáticos quienes le dieron muerte. Desgraciadamente la obra de Juan utiliza fuentes desconocidas y testimonios de segunda mano de dudosa veracidad; aún más, la obra más parece una novelización, recurso propio de  Juan quien habitualmente cae en la grandilocuencia y la ingeniosa invención de hechos. Su obra, por  lo mismo, está bastante descalificada y los expertos le otorgan importancia solo al tomo XVIII, por ser el más verosímil en sus relatos, el resto se debe colocar en serias dudas, ya que adolece de continuas contradicciones con otras fuentes más veraces.

Una fuente más apartada de las anteriores es la del arriano Filostorgio, quien en sus crónicas nos dice que Hipatia en realidad no era pagana, sino que era seguidora del arrianismo. Su deseo más íntimo era que Nestorio y Cirilo llegasen a un acuerdo en materias teológicas. Filostorgio acusa de celos religiosos a los cristianos del credo niceanico (ortodoxos) de su muerte. En este punto, se debe considerar que para este cronista, quien es un arriano convencido, los cristianos ortodoxos eran sus rivales y enemigos, y no existiría nada más consolador para la causa de su fe que unos religiosos católicos asesinos. Algunos especialistas creen, como hemos mencionado, que Damascio leyó algunos textos arrianos para construir su historia de Hipatia, siendo uno de ellos la obra de Filostorgio, aun cuando esto todavía está en las tierras de la conjetura.

Un texto que ha servido de base para algunos investigadores, es la famosa epístola llamada: “Copia de una carta de Hipatia, que enseñó filosofía en Alejandría, al bienaventurado obispo Cirilo”, que sería una falsificación muy posterior a los hechos acaecidos con la muerte de la alejandrina y a todas luces es una narración de algún escritor nestoriano, ya que la idea central de la obra es pedir al patriarca Cirilo que sea considerado con las ideas de Nestorio acerca de la naturaleza de Cristo: «Porque, como dijo el Evangelista (Juan 1, 18): “A Dios nadie lo vio jamás”. Por tanto, se preguntan, ¿cómo se puede decir que Dios fue crucificado? También preguntan: “¿Cómo puede ser clavado en una cruz alguien a quien nadie ha visto? ¿Cómo puede haber muerto y haber sido enterrado?”. Nestorio, por lo tanto, a quien recientemente se ha mandado al exilio, explicaba las enseñanzas de los apóstoles. Ahora yo, que aprendí hace mucho que Nestorio mismo afirmaba que en Jesucristo existen dos naturalezas, digo al que objetó aquello: “Las preguntas de los gentiles han encontrado respuesta”. Por consiguiente afirmo que vuestra santidad hizo mal al convocar un sínodo cuando vuestras opiniones divergían de las suyas y que vos preparasteis por adelantado que se procediera a deponer a Nestorio como resultado de la disputa. En cuanto a mí, después de iniciar el estudio de la exposición de este hombre hace unos días, y después de compararla con las enseñanzas de los apóstoles, al pensar en la conveniencia de abrazar el cristianismo, espero hacerme digna de renacer mediante el bautismo». Por tanto, en este escrito se nos presenta una Hipatia cristiana nestoriana hasta la medula de los huesos. Si bien esta obra no nos sirve para esclarecer los sucesos en la vida de la filósofa, sí es un buen material para comprender las querellas entre nestorianos y católicos niceanicos sobre todo después del concilio de Efeso 431 y del posterior destierro del heresiarca Nestorio a un monasterio de Egipto.

La idea de una Hipatia herética fue bien aceptada por varios connotados historiadores de la iglesia católica como por ejemplo G. Arnolds, quien, en su obra «Kirchen und KetzerHistorie» escrita en el año 1699, se hace parte de una Hipatia nestoriana que es asesinada por el celo religioso de San Cirilo gran defensor de la ortodoxia; este último no puede aceptar las disidencias teológicas en la floreciente comunidad cristiana de Alejandría. La misma idea que se repite en la obra de «Le Nain» de Tillemont quien en su libro «Mémoires pour servir a histoire écclesiastique des six premiers siecles, París 1701-1730, XIV» repite que el asesinato de la alejandrina se debió a su devoción al nestorianismo y a la guerra que este grupo sostenía en contra de la ortodoxia sustentada por Cirilo; el patriarca se vio arrastrado a ejecutar una orden en su contra. Es curioso que este autor muy respetado y leído por Gibbon esgrima una tesis muy parecida al del connotado historiador inglés.

            Sobre la base de estas fuentes y a otras de carácter cruzado, se puede construir a grandes rasgos la vida de Hipatia de Alejandría. Esta excepcional mujer fue hija de Teón de Alejandría, sabio y científico, además de ser sacerdote pagano, se presume que fue una mujer muy destacada por sus conocimientos, por tanto su padre la educó como «hombre» yendo en contra corriente de lo que la tradición griega imponía a las mujeres como la buena «paideia» que era estar recluida en los asuntos domésticos; pero los talentos de Hipatia sobrepasaron su calidad de mujer y llevó a su padre a ir en contra del dogma religioso pagano griego como queda bien expuesto en el libro de Túcides «La Guerra del Peloponeso» en donde coloca en boca de Pericles las ideas preconcebidas de los griegos acerca de la mejor mujer, que no era otra que aquella «que no se hablara ni para bien ni para mal», o sea, la que pasa inadvertida completamente como buena ama de casa. Por tanto, Hipatia de esta manera, rompió la gran tradición helena y enseñó, no sabemos si en una escuela pública como el Serapio o en su casa particular, cosa común en esa época. Durante su vida se dedicó solo a los estudios y las reflexiones tanto filosóficas como científicas, permaneciendo virgen al parecer ya que seguía la idea neoplatónica de la «Sofrosine» o la búsqueda del conocimiento y la perfección de lo «ideal» como virtud dejando los deseos sexuales a un lado, aun cuando en este punto las fuentes no son precisas y bastante contradictorias Fue una incansable buscadora del bien común, en este punto se puede notar que a pesar de su paganismo, Hipatia seguía los altos valores del cristianismo y practicaba estos como una virtud de vida, una religión que aplaudía la virginidad y el cultivo intelectual y moral de las mujeres, ya que una mujer célibe en el mundo helenista hubiere sido despreciada por su familia, al menos que fuera una «virgen vestal».  No conocemos ninguna obra de ella, no sabemos si no escribió ninguna o no se le permitió por ser mujer, por lo tanto, algunos especialistas realizando titánicos esfuerzos de especulación y arriesgadas hipótesis fundadas en posibilidades de «juego de azar», estiman que trabajó en la redacción de las obras de su padre Teón acerca de la revisión de los «Elementos de Geometría de Euclides», escribió una extensa exposición sobre «La Aritmética de Diofanto» (algunos desean ver en esta obra su total autoría, ya que especulan que intercaladamente entre las exposiciones de Diofanto se encuentran las ideas de Hipatia).  

            Su muerte, aún está cubierta por la niebla de la historia. En todo caso, de lo que se tiene claridad en los hechos es que su asesinato no fue por una acción de intolerancia hacia la filosofía o las ciencias por parte de los miembros de la iglesia católica local, ya que paradójicamente, todas las fuentes de su vida son cristianas, a excepción de una sola, y cada una de ellas muestra un respeto y admiración hacia su persona y trabajo como se puede observar después de una simple lectura. Al parecer su tragedia está inmersa en las luchas de las diversas comunidades religiosas de la muy cosmopolita Alejandría, enfrentamientos que fueron más que comunes en esta ciudad a partir de la conquista romana. Durante este periodo se desencadenaron muertes violentas y asesinatos por parte de fanáticos de todos los grupos. Las fuentes nos hablan de su asesinato, pero con diversos matices, que lejos de aclarar los hechos nos arrojan más conjeturas. No existe ninguna forma precisa para saber si el obispo Cirilo fue el autor intelectual del asesinato, muy por el contrario, tanto las fuentes y los especialistas se inclinan por que este NO TUVO NADA QUE VER CON SU MUERTE, y comprenden la acusación de Damascio como parte de su odio hacia los cristianos y muy especialmente hacia el obispo de Alejandría. Para los que no lo sepan, el patriarca Cirilo, fue un hombre muy culto que dominó la filosofía como también la especulación teológica. Héroe del Concilio de Efeso, defendió la doctrina católica que proclamó a María como «Theotokos», es decir, la madre de Dios. Dicen los cánones de dicho sínodo universal: «Te saludamos Ho María, Madre de Dios, verdadero tesoro de todo el universo, antorcha que jamás se apagará, templo que nunca será destruido, sitio de refugio para todos los desamparados, por quien ha venido al mundo el que es bendito por los siglos. Por ti la Trinidad ha recibido más gloria en la tierra; por ti la cruz nos ha salvado; por ti los cielos se estremecen de alegría y los demonios son puestos en fuga; el enemigo del alma es lanzado al abismo y nosotros débiles criaturas somos elevados al puesto de honor.» El Concilio se opuso a  la  doctrina de Nestorio, quien opinaba que María solo era madre de la parte humana de Cristo, esto a la larga tendrá consecuencias en Cirilo, ya que tuvo que luchar decididamente con los seguidores del heresiarca,  por esta razón y no otra, se le proclama defensor de la ortodoxia y se le canoniza como santo.

            La muerte de Hipatia a manos de unos fanáticos fue muy lamentable a tal punto que se creó la tradición entre la comunidad cristiana que Hipatia se había convertido al cristianismo (tradición que tiene ciertas bases como su vida virtuosa, su virginidad  y el cultivo de las ciencias y el conocimiento como predica el cristianismo), a tal punto que se realizó una amalgama de su vida, con la de Santa Catalina de Alejandría, quien fue una hermosa joven, virtuosa e inteligente quien se opuso a las acciones del emperador Majencio en algunas fuentes y Maximiliano en otras. Este emperador ordenó a cincuenta sabios que destruyeran y humillaran con la verdad humana a esta mujer intrépida e insolente frente al poder, ella, inspirada por el Espíritu Santo, se enfrentó a ellos y no solo los rebatió a todos, si no que los convierte a la verdadera fe que proviene de Dios. El emperador vencido, ordenó su muerte de la manera más cruel que pudo, llevando a la santa al martirio. Con los años la Iglesia la canonizó y otorgándole el título de patrona de los profesores. En obras posteriores aparece el nombre de Catalina junto al de Hipatia, constituyendo una sola persona.

            La muerte de Hipatia se perdió en los anales de la historia como otras miles de muertes que han ocurrido y sus protagonistas han quedado en el más profundo anonimato. Sin embargo, cada cierto tiempo, su figura, cual ave fénix, renace tergiversada por la propaganda y el odio ideológico que la hace presente como gran argumento.

Los primeros en construir el mito de Hipatia fueron los hombres de la Ilustración, quienes realizaron un símil entre la sabia alejandrina y la diosa «razón». Se trasformó, de esta manera, en el símbolo de la búsqueda y obtención del conocimiento a partir de una especulación puramente humana, pero de paso en la lucha en contra de la intolerancia religiosa frente a las verdades superiores del hombre, como así ellos lo predicaban.

El primero de estos ilustrados en iniciar la apología de Hipatia fue el inglés John Toland (1720) quien escribió un famoso ensayo en su época con un título interminable llamado «Hypatia or, the History of a Most Beautiful, Most Virtuous, Most Leamed and in Every Way Accomplished Lady; Who Was Tom to Pieces by the Clergy of Alexandria, to Gratify the Pride, Emulation, and Cruelty of the Archbishop, Commonly but Undeservedly Titled St. Cyril.» En este texto, Toland hace hincapié que su trabajo se ha sostenido en la lectura del Suda, o sea, en los escritos de Damascio, aunque este punto no evitó que Toland inventara cosas sobre la alejandrina «la encarnación de la belleza y el saber», ¿cómo podía Toland afirmar aquello cuando la enciclopedia Bizantina no se hace cargo de esto? Continuando con su diatriba culpa al patriarca Cirilo de su muerte al decir: «Un obispo, un patriarca, más aún, un santo es el promotor de una acción tan espantosa, y su clero el ejecutor de furor tan implacable», pero las fuentes clásicas tampoco dejan en claro aquello.  El texto de John Toland es más una ficción, en el cual el escritor desea derramar su odiosidad en contra de la religión católica y no una exposición histórica de los hechos y de la vida de la matemática alejandrina. ¿Por qué Toland realiza este ataque tan bajo? Quizás fue debido a que en su juventud fue educado como un verdadero y rígido anglicano, es decir, con una visión despreciativa de la religión católica por ser falsa e intolerante a los ojos de los buenos ingleses anglicanos, como muy bien nos dice Henry Newman en su autobiografía; tal vez porque se cansó de la rigidez de su enseñanza y abrazó las ideas de la masonería que por aquella época se abría paso entre la intelectualidad y las clases elevadas inglesas. Aun así, es difícil explicar cómo un hombre que desea presentarse racional y elevado moralmente, construya mentiras tan evidentes para cualquier lector de los textos clásicos.


Pero Toland no fue el único ilustrado intolerante que tomó a Hipatia como un mito, quizás el mayor fomentador de este «culto a la alejandrina» fue el escritor y pensador francés  François-Marie Arouet,  más conocido como Voltaire. Escribió un ensayo titulado «Examen important de Milord Bolingbroke ou le tombeau du fanatisme» en el cual expone todas sus ideas preconcebidas en contra de la Iglesia Católica, acusando al clero de Alejandría y muy especialmente a San Cirilo del asesinato de Hipatia. Voltaire nos describe un mundo clásico irreal y muy a la medida de su prolífica imaginación al decirnos que la ciudad de Alejandría era un vergel de libre pensamiento, de búsqueda de la verdad a través de las ciencias naturales y de la tolerancia del paganismo a toda manifestación de sabiduría, cosa que NUNCA fue así, como está archidemostrado en las investigaciones históricas.

 Voltaire era de ideas muy fijas y poco flexibles y por ello, dentro de este mundo idílico coloca a Hipatia como un elemento más del decorado imaginativo, en su obra «Diccionario filosófico», realizó una síntesis de la vida de Hipatia, muy alegórica por supuesto, ya que nos expresa que ella era una sabia joven y hermosa, que enseñaba a sus discípulos los poemas de Homero y la filosofía de Platón en la ciudad de Alejandría durante el reinado de Teodosio II, y fue asesinada por la intolerancia de San Cirilo quien lanzó a la «chusma cristiana contra ella». Por tanto, el fanatismo y el dogmatismo eran los enemigos más implacables del progreso y la verdad a juicio de este conspicuo pensador francés. Ahora bien, a la luz de las fuentes que son la principal herramienta que se utiliza para conocer la verdad histórica, en ninguna de ellas se hace alusión a que Hipatia enseñara a Homero o fuera seguidora de Platón; se presume que por las características de la época y las ideas que se desprenden de las cartas del obispo Senesio, debió manejar a Platón pero con las ideas de Plotinio que estaban muy en boga por aquel entonces, podemos suponer, por tanto, que el escritor francés solo estaba «INVENTANDO» una biografía que se ajustara a sus propias ideas de la vida de Hipatia. Con cierta arrogancia no cita sus fuentes que no serían otras que las expuestas en este texto, como Damascio en el Suda y otras fuentes que no clarifica pero afirma que son «los hombres más sabios de la época», lo que demuestra claramente que el sobreestimado Voltaire solo ocupó una fuente y nada más. Además, curiosamente si observamos, en esta misma obra, presenta una elocuente definición del término fanatismo: «Entendemos hoy en día por fanatismo una locura religiosa, oscura y cruel. Es una enfermedad que se adquiere como la viruela.» Como se puede apreciar, el odio de Voltaire hacia la religión en general y la católica en particular, no lo desea disimular con nada señalando que para él fanatismo era lo mismo que religión. Hoy en día definimos el fanatismo como un estado de extremismo de una idea que puede ser filosófica, ideológica, política, religiosa, artística, etc, etc, que hace que las personas se comporten en contra de todo lo lógicamente establecido en forma intolerante. Por tanto, nuestro amigo François-Marie está siendo exactamente lo que él tanto critica: un fanático e intolerante, que además gusta de inventar, o sea, mentir  en el altar de la ciencia y el progreso.

Podemos concluir que «las grandes investigaciones» de Toland y Voltaire sobre la pensadora griega no son más que ideas reduccionistas, preconcebidas y con una alta odiosidad hacia la religión católica que es vista como instrumento de intolerancia y fanatismo, creando de esta forma un mito que comienza a alimentarse por sí mismo, como veremos a continuación.

            Algunos años más tardes el historiador neo helénico de origen británico Edward Emily Gibbon, influenciado claramente por las ideas de la Ilustración, en su conocida obra «The History of the Decline and Fall of the Roman Empire» construirá la tesis de que la culpa de la decadencia y caída del imperio romano fue la aparición y expansión del cristianismo. Según lo que nos expresa él mismo en sus memorias, estando en las ruinas del Capitolio y oyendo cantar a los sacerdotes franciscanos misa, se le ocurrió esa hipótesis, aunque en honor de la verdad esa tesis también la expone el historiador pagano latino Zósimo en su clásica obra «Nueva Historia», pero pensemos bien de Gibbon y creamos que es una idea totalmente original y revolucionaria en la historia de occidente como muchos desean atribuirle alegremente.

En líneas generales, el historiador inglés nos expone que el triunfo del cristianismo en la antigua Roma se debió a diversos factores como: su proselitismo hacia todas las personas, una moral austera, los milagros de los primitivos cristianos, la promesa de una vida después de la muerte, su relación con el poder formal y finalmente su actividad intolerante hacia otras manifestaciones religiosas o filosóficas. Es en este último factor que en su libro expone la muerte de Hipatia en manos de un perverso y fanático Cirilo, quien lanzó a sus monjes  semibárbaros en contra de la joven alejandrina, quien recibió una muerte bestial. No está de más decir que Gibbon no consultó ninguna fuente sobre el tema, además de las citadas en este artículo, por tanto podemos suponer que simplemente se dejó llevar por las diatribas irresponsables y fanatizadas de Voltaire, ya que por aquella época el pensador francés gozaba de un aura casi divina y  todo lo que exponía se veía como conocimiento sacrosanto por la mayoría de los pensadores lacayos. Pero el inglés fue más allá de las invenciones del propio Voltaire y él también quiso forjar algunas de su propio cuño, como decir por ejemplo «enseña públicamente tanto en Atenas como en Alejandría», hasta donde sabemos Hipatia jamás salió de Egipto, y tampoco tenemos ninguna seguridad que enseñara «públicamente», ya que las fuentes así lo atestiguan. Pero la retórica del inglés aún no está satisfecha ya que además da una serie de predicas moralistas sobre el tema en cuestión que no tienen otro sentido más que aumentar las falacias expuestas, decir que «la superstición [el cristianismo] quizá expía de mejor grado la sangre de una virgen que el destierro de un santo», solo es la guinda del pastel para construir un argumento en contra de la religión. La acción artera de Gibbon fue expandir una mentira, sin consultar las fuentes apropiadamente, ni confrontarlas a la crítica como se debe hacer, para contrastar los hechos, de esta forma la falsedad se apoderó de este tema, el cual se empezó a dar como cierto por su irresponsabilidad frente a los estudios históricos y no está de más decir, frente a la humanidad.

            Otros escritores ilustrados tomaron la figura de la alejandrina para realizar ataques o insultos en contra de la religión católica como el inglés  Henry Fielding en su comedia satírica «A Journey from this World to the Next», donde describe a la sabia Hipatia como «una dama joven de extraordinaria belleza y mérito», además de afirmar que «aquellos perros, los cristianos, la asesinaron», sin otro argumento y escudándose en su supuesta racionalidad y la creación artística para insultar.
  
             El período romántico europeo mantuvo la visión de Hipatia como una gran mártir, pero por motivos un poco diferentes de la Ilustración. Para los románticos la científica alejandrina fue una luchadora por los ideales de libertad, así nos la desea presentar el poeta francés Charles Leconte de Lisie, quien escribió dos poemas en honor de la alejandrina, el primero en 1847 y el segundo en 1874 ambos titulados «Hipatia». En el primero de estos poemas, Charles presenta la muerte de Hipatia como una evolución natural de la historia, la sabia representa el mundo clásico que se desvanece y Cirilo el nuevo orden medieval, pero en sus palabras no hay una crítica a tal hecho, simplemente es la evolución y los cambios que se generan en la historia. En el segundo poema, más maduro y más positivista, se vuelve otra vez hacia la leyenda negra, colocando la intolerancia de la Iglesia Católica como motor fundamental del asesinato de Hipatia. No sabemos el porqué de este cambio de opinión, tal vez porque Leconte se introduce cada vez más a una adoración del mundo griego, que él considera como el mundo de la verdadera creación libre y natural.

Un seguidor del  poeta francés, es el clérigo anglicano Charles Kingsley, novelista e historiador, elabora su leyenda negra sobre la alejandrina en un extenso libro titulado “Hypatia or the New Foes with an Old Face”,  en el año 1853. En este texto, Kingsley hace presente todo su odio a la Iglesia Católica a la cual él crítica ferozmente, ya que no le gusta el celibato de los sacerdotes y religiosos en general, y la falta de compromiso de estos con el mundo según su criterio. Por tanto, la obra de este clérigo gira en dos sentidos, por un lado, la demostración de la decadencia moral y espiritual de la Iglesia Católica representada en San Cirilo, versus la grandeza del anglicanismo vital y creador representado por un converso judío, un cristiano joven y por la mismísima Hipatia. En el caso de Kingsley, no es necesario ahondar sobre su odio a la Iglesia salta a la vista. Sí es interesante exponer que su novela histórica fue traducida a varios idiomas y tuvo un gran éxito, tanto así que se tomaron como verídicas muchas de las invenciones aparecidas en esta, como por ejemplo «que Hipatia era una sensual mujer erudita que luchaba por la intelectualidad, por esta razón es asesinada», y con ella sucumbe el perfecto y armonioso mundo griego, el cual será despedazado por el fanatismo más intolerante católico. Historiadores de diversas nacionalidades, especialmente alemanes tomaron las ideas de Kingsley y las trasformaron en tesis universitarias, toda una locura en las ciencias históricas si pensamos que la verdad es el vehículo de la historia.

            Los positivistas tomaron la figura de Hipatia al igual que la de Galileo como personajes que difundieron las ciencias y que fueron martirizados por ese amor al conocimiento científico, por tanto le dieron características que ellos exponían como las adecuadas para ser un verdadero investigador, o sea, que eran de pensamiento libre y cualidades heroicas en un mundo oscuro de fanáticos intolerantes religiosos. Para los positivistas las únicas verdades validadas son las científicas y por tanto el mundo habría llegado, según August Comte, al nivel más alto de «progreso», el pensamiento positivo o científico, por tanto en este nuevo orden la religión por supuesto, no tiene ninguna cabida, quizás solo para personas «simples» y «mujeres», como gustaba decir al pensador galo. Inmerso en estas ideas se encuentra el científico norteamericano J.W. Draper quien  gustaba presentarse como el defensor de la ciencia frente a la ignorancia de la fe religiosa, por esta razón Hipatia es mostrada por él como una defensora de la ciencia y una celosa erudita de las cosas naturales, en contra de la superstición y oscuridad del dogmatismo religioso, es decir, el símbolo de la ciencia misma.

            Pero más profunda y reflexiva es la obra llamada “Historia de la Filosofía Occidental” del inglés Bertrand Russell quien no solo da por hecho toda la historia que escribe Gibbon acerca del crimen de Hipatia, sino que vierte algunas conjeturas del porqué del asesinato de la alejandrina, y esta no podía ser otra que la destrucción del pensamiento científico y filosófico del mundo antiguo por la religión, además de acusar impunemente y casi gratuitamente a San Cirilo del asesinato, cuando nos dice: «san Cirilo: El motivo principal de su fama es el linchamiento de Hipatia, dama muy distinguida que, en una época de fanatismo, profesa la filosofía neoplatónica y dedica su talento a las matemáticas». A Bertrand Russell no se le puede negar sus altas cualidades intelectuales y su gran porte humano, ya que fue durante la primera mitad del siglo XX un hombre de principio, que estuvo dispuesto incluso a perder su trabajo y su vida cómoda en post del ideal de la no beligerancia de Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial (estuvo varios meses en la cárcel por escribir panfletos anti beligerancia). Pero fuera de eso, son muy criticables sus visiones parciales acerca de la religión, recordemos que se ufanaba de su ateísmo y que incluso escribió un extenso  ensayo titulado «Por qué no soy cristiano» en el cual critica fuertemente la «CREENCIA EN DIOS» y «NO LA EXISTENCIA DE DIOS YA QUE DA POR HECHO QUE NO EXISTE», cosa que atenta contra la libertad de conciencia que tanto defendió en su vida, provocando el principio de la no contradicción que como buen matemático y lingüista no puede realizar. Nos parece que su incapacidad de tolerar el pensamiento religioso lo llevó a mantener la «leyenda negra» sobre la Iglesia como un hecho real, sobre todo en el tema de Hipatia. Teniendo las fuentes a la vista y siendo él un hombre intelectualmente superior, su actitud solo ha ayudado a mantener una idea errónea del hecho que en su caso es imperdonable, por estar en contra de sus valores morales que él tanto defendió en vida, que fueron la verdad, la inteligencia y la libertad.

            Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos ideologías, una de carácter liberal y la otra marxista, en esta lucha de dos fuerzas, ambas se hicieron cargo desde sus puntos de vistas del mito de Hipatia. Tanto el liberalismo económico, como el comunismo reivindicaron la figura de la alejandrina con la intención de apoyar sus respectivas visiones de mundo. Tenemos en el primer caso, que la democracia liberal se mostró a sí misma como defensora de los sagrados derechos de las personas a pensar, creer y hacer lo que les parece correcto; a partir de estas ideas, Hipatia es mostrada como una mujer que estaba fuera de su tiempo, por luchar por los valores propios de la democracia, a tal punto que el famoso astrónomo Carl Sagan en su programa «Cosmos», reivindica la figura de Hipatia como una perseguida por su ideas científicas, por los intolerantes religiosos que más parecen una caricatura de la CHECA soviética. Recordemos que Sagan fue miembro activo del consejo de ciencia para el presidente de los Estados Unidos  y un muy fanático democrático liberal que odiaba y desplumaba todo lo que venía de la Unión Soviética.

            El mundo comunista por años defendió la figura de Hipatia en su doble juego de combatir a las creencias religiosas denostándolas por su intolerancia y por su alabanza hacia la ciencia como único vehículo de verdad. En este punto tenemos como ejemplo al escritor español de pensamiento comunista Pedro Gálvez, quien en su novela «Hypatia, la mujer que amó la ciencia», virtió todo su odio en contra de la Iglesia católica. La novela, más que un relato literario, es simplemente un PAMFLETO MAL INTENCIONADO, ya que es una narración torpe, por  ejemplo,  coloca a Cirilo y su tío Teofilo como dos criminales, sedientos de sangre, que dejan a unos monjes brutales violar a Hipatia y luego literalmente comérsela a pedazos. Cualquiera que conozca la vida de Gálvez puede comprender su odio parido hacia la Iglesia Católica: su padre, durante la guerra civil española, fue fusilado por los nacionalistas, y él se educó en la cárcel de mujeres junto a su madre, para luego emigrar de España. Esto solo explica su odio, pero no las MENTIRAS que dice una y otra vez, hasta que el lector queda literalmente asqueado de su verbo vengativo.

            En las últimas décadas la figura de Hipatia de Alejandría ha sido tomada como bandera de lucha por las mal llamadas «minorías de géneros», como ser, los movimientos feministas, quienes nos desean mostrar a una Hipatia luchadora por las libertades de la mujer frente a un mundo de heterosexuales machistas fanáticos y religiosos.

Las feministas en su deseo de apropiación de la figura de la alejandrina publican dos revistas universitarias de genero con su nombre, una en Indiana, Estados Unidos llamada «Hypatia: A Journal of Feminist Philosophy» y la otra en Grecia, en la ciudad de Atenas conocida como «Hypatia: Feminist Studies». Profundicemos en el tema de género y su relación con Hipatia. En 1989 el famoso escritor germano Arnulf Zitelmann publicó su novela histórica «Hipatia», como es normal en sus relatos, tomó un personaje de la historia desde lo cotidiano y lo trabajó en su narración. Es un escritor de calidad y no puedo dejar pasar el hecho que es un importante exponente de la ficción histórica, pero su visión profundamente pro-feminista, hace que su mirada sobre los eventos de Hipatia los trate más como una crítica a la teología católica que él considera machista, que como un hecho histórico–real. Zitelmann se hace cargo en su novela de una defensa burda del «género», muy a la moda con los grupos feministas europeos, al deslizar ideas totalmente insostenibles como que Hipatia fue asesinada por ser «MUJER», siendo uno de los primero casos de misoginia, los cuales llegarían a su cenit con la caza de brujas del siglo XVI y XVII. Como sabemos, Hipatia no fue asesinada por su calidad de mujer, ella siempre fue admirada a pesar de estar imbuida en una sociedad griega profundamente masculina y donde el rol de la mujer se circunscribía a las labores hogareñas.

Desde Norteamérica, la feminista Ursula Molinaro que en su obra «A Christian Martyr in Reverse: Hypatia, 370-415 A. D.» nos hace una verdadera apología feminista de la «tercera ola» en la persona de Hipatia. En su escrito, la alejandrina no es una virgen como es presentada en la mayoría de las novelas, poemas y obras de teatro, aquí es una joven mujer que ha roto las cadenas de la sociedad hetero-machista, ella practica el «sexo libre», es brillante y superior intelectualmente a los hombres y vive en una época de la historia en que las mujeres emancipadas de las ataduras sociales y culturales son más fuertes e importantes que los hombres, pero ese período glorioso de la feminidad está a punto de caer por los esfuerzos crueles de los heterosexuales escudados en una religión que ha destruido a la mujer con sus ideas sobre la pureza, virginidad y buena madre, simbolizadas en la «virgen María». Molinaro termina su diatriba de género con una reflexión para el bronce: «El asesinato precedido de tortura de la célebre filósofa Hipatia, a manos de una turba de cristianos de Alejandría en el 415 d. C., señala el fin de una época en la que todavía se aprecia a las mujeres por su inteligencia». Por supuesto debemos comprender dos cosas en la obra de Molinaro, en primer lugar es una novela o sea una ficción de principio a fin y en segundo lugar que ella no sabe nada de historia clásica, ya que las fuentes exponen todo lo contrario a sus apreciaciones sobre la feminidad en la antigua Grecia y el mundo helenista. Hipatia entre los grupos feministas solo ha servido para ser manipulada en sus controversias con las iglesias establecidas, como un símbolo femenino que combatió por su género contra la opresión de los hombres; es una ridícula afirmación, por supuesto, pero en nuestros tiempos donde las ridículas afirmaciones son el pan de cada día, esta se pierde en el bosque de la estupidez.

            Otro grupo que ha tomado la figura de la sabia han sido los homosexuales. En un deseo de reivindicar su propia agenda político–social, han hecho de Hipatia una figura ambigua, como una defensora de su calidad de mujer intelectual que no había contraído matrimonio, por su verdadera inclinación sexual, que no sería otra que el lesbianismo, argumento torpe y estúpido a todas luces, que no solo no tiene ningún fundamento, sino que se circunscriben en los desvaríos de muchos homosexuales y lesbianas que han creado un «un mito originario», sostenido en una historia tergiversada y ficticia de la homosexualidad en la historia humana, en otras palabras es el deseo de los homosexuales demostrar históricamente la valides de esta inclinación, han realizado biografías muy poco rigurosas de Leonardo Da Vinci o Miguel Ángel, en las cuales aparecen como homosexuales consumados y parte de su genialidad, por no decir toda, se debe a su inclinación sexual. Hipatia está dentro de esta esfera, ya que se nos presenta como un espíritu libre, culta, inteligente y lesbiana, que lucha con los perjuicios de una sociedad intolerante, heterosexual y oscurantistas, sostenida por dogmas religiosos que solo buscan reprimir la naturaleza libre de la sexualidad entre hombres y mujeres.

Es en este punto en donde encontramos la obra cinematográfica «Agora», con la que hemos iniciado este artículo. Esta película  del cineasta chileno- español Alejandro Amenábar, fue la que levantó una inmensa polémica por las MENTIRAS que constantemente expone en la película y las poco afortunadas y odiosas opiniones que vierte. Recordemos que Amenábar se ha caracterizado en sus trabajos fílmicos por realizar los guiones, componer la música y realizar la dirección, por tanto todas las cosas dichas por los personajes en la película Ágora son sus creaciones tergiversadas y manipuladas con una finalidad clara a todas luces: desprestigiar desde un punto de vista moral a la religión Católica y de pasada al cristianismo completo, quitándole toda capacidad de crítica frente a las ideas panfletarias de las autodenominadas minorías sexuales. Se podría buscar una pobre disculpa al exponer que una película es una FICCIÓN, pero esto no es real, ya que utiliza los mismos argumentos falaces que hemos visto en esta rápida exposición de las visiones sobre la persona de Hipatia. Pero además, como ha sido común entre los investigadores, escritores, poetas e historiadores que por distintas causas han odiado a la Iglesia Católica, afirmando cosas sin ninguna base, Amenabar no pudo estar ausente de este selecto club e hizo una serie de lamentables afirmaciones personales que solo vinieron a demostrar su odio parido en contra de la Iglesia, por  ejemplo cuando señala que san Cirilo fue proclamado «santo por asesinar a Hipatia y expandir el fanatismo religioso».

La pregunta es ¿por qué Amenábar, que siempre había demostrado gran talento argumentativo y ser un importante cineasta cayó tan bajo al realizar este ataque mezquino, sin mediar una provocación hacia su persona? Esto nos lleva a escarbar en sus ideas. Como todo se sabe, Alejandro tiene una orientación homosexual, él ha expuesto que su inclinación, es parte de su vida privada y en nada atañe su trabajo artístico, eso lo ha manifestado en diversas revistas homosexuales como Zero. Pero en la práctica es mentira, ya que él ha tenido un papel destacado en «LA LUCHA», por las «reivindicaciones homosexuales». No podemos decir que Amenabar sea un ideólogo del mundo homosexual, pero sí es un referente social y cultural que aparece en las marchas del «Orgullo Gay» en España, que hizo de su matrimonio una tribuna pública, que realiza exposiciones sobre los derechos y reivindicaciones de los homosexuales en diferentes medios, por tanto, el separar su vida privada de su creación es simplemente un pobre subterfugio para crear la ficción de que él no tiene perjuicios de ningún tipo, ni ideas preconcebidas hacia la iglesia Católica u otras religiones cristianas.

En la película «Ágora» muestra todo su odio hacia la religión católica, ya que deforma insidiosamente un hecho histórico, con el claro deseo de mostrar que la religión católica siempre ha sido intolerante y perversa. Esto se debe a que el catolicismo, al igual que otras religiones cristianas no ha aceptado oficialmente la homosexualidad como algo normal y natural, además de oponerse a las reivindicaciones jurídicas y sociales que realizan estos grupos. Debemos hacer presente que si bien la Iglesia Católica oficialmente no ha expuesto ningún discurso intolerante hacia la homosexualidad en los últimos años, y no ha expulsado a las personas de esta inclinación de sus filas, muchas de las cuales siguen participando activamente de los ritos y la creencia, esta no ha manifestado nunca como institución la aceptación de las ideas de estos grupos y claramente expone la homosexualidad activa como un pecado. Por esta razón el ataque de Amenabar tiene una clara finalidad, que es descalificar a la religión. Este punto vuelve a aparecer en su última película «Regresión», detrás del puzle policial, el cineasta hábilmente esconde la motivación de la historia que escribió y dirigió, y es cómo un hecho a todas luces irreal de posición demoníaca y acusación de abusos sexuales, un grupo evangélico norteamericano lo trasforma en una verdad de FE gracias a los medios de comunicación a su alcance, por tanto los cristianos son puestos como manipuladores, fanáticos e intolerantes.

            «Ágora» solo demuestra el nivel de intolerancia al que han llegado algunos grupos homosexuales en su lucha por imponer sus criterios a la sociedad actual; los descalificativos de «retrogrado» o «ignorante» a personas que no creen y no comparten sus ideas; han demostrado que la intolerancia no es propia de una religión sino de un cúmulo de cuestiones puramente humanas, en la que ellos mismos han incurrido, por este motivo Amenábar como Voltaire son símbolos de la INTOLERANCIA y de la MENTIRA MAL INTENCIONADA como vehículo de propaganda para logran imponer sus ideas y descalificar las de otros. Una vez escribió Voltaire: «no estoy de acuerdo con tus ideas, pero daría mi vida por  tu derecho a expresarlas», creo que esto solo era una forma alegórica para decirnos en realidad «defenderé tus ideas cuando estas sean iguales a las mías». También Alejandro se ha presentado, como un libre pensador, defensor de los derechos civiles y predicar cual pastor la tolerancia, pero en la práctica solo ha demostrado ser un hombre comprometido en la IMPOSICIÓN de sus ideas y la ABSOLUTA INTOLERANCIA, utilizando un medio masivo de ideologización como es el cine y se aprovecha de la ignorancia masiva para pervertir e instrumentalizar la verdad, aquella que se encuentra en las fuentes históricas.

            Hipatia fue asesinada en un episodio lamentable de la historia de la Antigüedad Tardía, pero ha sido asesinada una y otra vez por aquellos que dicen defender  su recuerdo y legado, porque realmente nunca les ha interesado este, solo la han instrumentalizado hasta la saciedad para defender sus mezquinas ideas, en una orgía de intolerancia y oscurantismo de la que han acusado a la Iglesia Católica. En otras palabras, no han sido mejores que la institución que ellos cuestionan hipócritamente, Hipatia no fue solo asesinada en la antigüedad, sino hasta el día de hoy, con una daga que en su filo cuan cuchillo de la «SS» dice MENTIRA e INSTRUMENTALIZACIÓN

          


domingo, 27 de agosto de 2017

CÉSAR SANDINO EL ESPÍRITU DE LA DIGNIDAD POÉTICA HISPANOAMERICANA





CÉSAR SANDINO
EL ESPÍRITU DE LA DIGNIDAD POÉTICA HISPANOAMERICANA


¡Patria! Desafío de esta tierra nuestra
Lanzado contra nosotros y contra de nuestros antepasados
Para decidir sobre el bien común
Y envolver la Historia en la bandera de nuestro idioma

El Canto de la historia surge de la gesta fundada en la roca de la voluntad
Desde la madurez de nuestra autoconciencia,
Juzgamos nuestra juventud, los tiempos de la desmembración y el siglo de oro

Tras la adorada libertad vino la condena al cautiverio
Los héroes llevaban sobre ellos la sentencia:
Al desafío de la tierra entraban como en una noche oscura exclamando:
¡La libertad vale más que la vida!

KAROL WOJTYLA
EL POETA QUE SERÍA PAPA

            Augusto César Sandino es una de esas extrañas figuras históricas que, de tiempo en tiempo, nos dejan impávidos, por trasformase en el espíritu mismo de la historia, nos referimos a la gesta que estuvo llamado a realizar. Me vienen a la memoria las palabras del premio nobel de Física, Albert Einstein, al referirse a otro hombre excepcional, Gandi durante su funeral: «…las siguientes generaciones tendrán que creer que nunca hombre igual paso por esta tierra»; de igual manera,  el mundo entero, y muy especialmente Hispanoamérica, tendrá que creer que existió un hombre como César Sandino, un ser excepcional que no deseaba riqueza, ni poder, ni gloria, solo la dignidad de su oprimido pueblo, sabiendo que eso podría costarle el bien más preciado que todo hombre posee: la vida misma. Él fue de esas escazas figuras románticas de verdad, de esas que, de cuando en cuando, aparecen en el mundo para conmovernos con sus acciones y pensamientos, mismos que lanzan al aire cuan flores en primavera. Su propósito no es solo despertar nuestra conciencia haciendo que veamos la injusticia humana, sino también para mostrar cuáles podrían ser las soluciones a tales problemas. Este tipo de hombre está llamado a inspirar a poetas y a personas comunes por igual, para que escuchen los latidos de su corazón libertario. Este texto está dirigido a ese poeta que escribió con su sangre odas a la dignidad y libertad de Hispanoamérica y cómo su ejemplo mostró el camino para muchos escritores, muy especialmente, a nuestro ángel de las letras, Gabriela Mistral, quien expresó a través de la prosa, el ejemplo que fue este nicaragüense para el mundo.



Mayo de 1927, nuevamente Estados Unidos interviene en el corazón de la América morena, es parte de su “espacio vital”, y bajo su retorcida moralidad  política en donde se mezclan concepciones económicas, empresariales y de estrategia geopolítica se arroga el derecho de conquistar a estados reconocidos y soberanos sin ningún tipo de escrúpulo o remordimiento democrático, aún más esgrime su deber de defender los “Derechos Humanos” y la “Democracia” como un valor vital, aun cuando esto sea solo una cortina de humo para engañar al mundo y esconder sus verdaderos fines que van en una vía totalmente diferente, y esta no es otra, que resguardar sus intereses vitales en materias primas y mano de obra barata. Pero esta vez la empresa no será tan fácil como siempre, porque un hombre ésta dispuesto a decir “NO”, no en contra de la injusticia perpetrada, no en contra de la prepotencia de los poderosos,  no por la dignidad de su pueblo, no por la libertad de América.

Este singular hombre es el comandante Augusto César Sandino, quien empujado por las circunstancias se levanta en armas en contra de la intervención militar y política en su amada patria Nicaragua. A partir de esa fecha librará una de las resistencias más enconadas y heroicas que se tenga noticia en las tierras vírgenes y selváticas de las montañas de las Segovias en contra de las fuerzas avasalladoras de la potencia del norte y los colaboracionistas de  turno. Al frente de  estos lagartos  hambrientos de siempre, que nunca faltan y que sobran en la historia de cada pueblo, se encontraba el títere y futuro dictador–presidente Anastasio Somoza, también conocido “cariñosamente” por su seudónimo “Tacho”.

Henry L. Stimson

            Nicaragua se había desangrado en una bestial guerra civil entre la poderosa elite de conservadores y liberales. Estados Unidos, que veía cómo sus intereses comerciales peligraban, y bajo el argumento de que ambos bandos lo deseaban, impuso un acuerdo de paz conocido como el pacto Stimson – Moncada, negociado por su inspirador, el político Henry L. Stimson colaborador y consejero del presidente Calvin Coolidge (1923 – 1929). Se contó, además, con el respaldo de las fuerzas de los “marines”, quienes desembarcaron en las tierras del poeta Rubén Darío para garantizar la aceptación y atemorización de las fuerzas políticas del país. Todo se realizó debido a que Estados Unidos solo deseaba «por humanidad» detener el sufrimiento del pueblo nicaragüense, como hipócritamente afirmó el presidente Coolidge en una entrevista a la prensa norteamericana donde explicó sus acciones de por qué colocaba a los hijos de su  pueblo en la disyuntiva de morir o asesinar en una lucha que a todas luces no se comprendía bien en la sociedad norteamericana. Por  cierto, se le olvidó mencionar que además de sus buenas acciones, protegería los intereses de una de sus empresas internacionales estrella: la «Unit Fruit Company»,  de muy triste memoria en América.

Ese es el por qué hizo que un joven César Sandino se levantara en armas, él más que nadie deseaba la paz para su pueblo. El horror de la guerra ya había cobrado un alto precio de devastación y muerte entre los campesinos pobres y los inocentes de siempre, por eso llegar a un entendimiento era necesario, pero el costo que imponía las fuerzas fácticas por esa paz, era demasiado alto ya que lo que se pedía era nada menos que la dignidad de un pueblo libre que tenía que someter su voluntad nacional, su libertad a una potencia egoísta y opresora. Es así como Sandino levantando la voz, grito a los cuatro vientos de América que:  «Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que cualquiera, la sangre india americana, que por atavismo encierra el misterio de ser patriota, leal y sincero, el vínculo de nacionalidad me da derecho a asumir la responsabilidad de mis actos en las cuestiones de Nicaragua y por ende, de la América Central y de todo el Continente de nuestra habla, sin importarme que los pesimistas y cobardes me den el título que a su calidad de eunucos más les acomode».

            La paz ganada tan arteramente, en la práctica era la entronización de la opresión de los autodenominados conservadores y la intervención de Estados Unidos, que ya lo había hecho antes. Recordemos que el general Benjamín Zeledón se había levantado años atrás en contra de las injusticias sociales y políticas en Nicaragua y que fue derrotado por la intervención de las fuerzas norteamericanas. Una vez más, los sueños de igualdad y fraternidad del pueblo quedaban aplastados. Por esta razón Sandino sabía que el “regalo de los Danaos” era la traición y la esclavitud, así que prefirió seguir luchando solo, como David contra Goliat. Formó un reducido ejército con apenas treinta hombres que denominó «Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional», que se enfrentó con las tropas de invasión. Lentamente sus fuerzas se fueron multiplicando con la incorporación de campesinos que huían de las acciones criminales de los soldados estadounidenses contra la población civil. Llegó a tener casi seis mil hombres, de los que, en cuatrocientos diez enfrentamientos, perdió solo algo más de mil hombres, considerando la abrumadora superioridad del enemigo que poseía todos los avances técnicos a su haber. Pero no lograron derrotarlo. Como no pudieron destruir la fiera resistencia, los norteamericanos decidieron formar un ejército con lugareños denominado «Guardia Nacional». Las intenciones detrás de esta estrategia eran claras: primero, no deseaban seguir derramando sangre de sus conciudadanos; y segundo, no estaban dispuestos a reconocer frente al mundo que, como potencia, habían sido derrotados por un puñado de insurrectos.

Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional

Pero a pesar de su soberbia, las fuerzas de la Guardia Nacional, sostenida por el poder del invasor, tampoco pudieron derrotar a ese grupo de campesinos poetas que sufrían los más grandes dolores sin perder la fe en su causa justa, guiado por ese pastor conocido como «General de hombres libres», según lo denominó el escritor francés Henri Barbusse. La guerra lejos de terminar se volvió más virulenta, cruel y despiadada, los bombardeos indiscriminados contra ciudades y poblados por parte de la aviación norteamericana fue la tónica de una guerra desesperante para una potencia que no sabe cómo terminar con el espíritu de la genuina libertad de un pueblo.

Finalmente los vientos políticos cambiaron en el país del norte, ya que  llegó al poder un nuevo presidente, con una visión administrativa diferente, nos referimos a Franklin Delano Roosevelt. A diferencia de su antecesor Roosevelt deseaba cambiar la política intervencionista en Nicaragua, por dos motivos prácticos: primero, sus ideas estaban más inclinadas a la justicia social y a la colaboración económica y política con el resto del mundo, de ahí que instaló una nueva plataforma de relación con Hispanoamérica en un plano más de igualdad que él denominó como política del «Buen Vecino». El segundo motivo saltaba a la vista, la crisis económica de 1929 no le permitía seguir derrochando millones de dólares del erario nacional, en una verdadera sangría de dinero en la que se había trasformado la intervención en Nicaragua, el país no podía, ni debía  soportar más aquella absurda perdida de fuerzas ya muy descalificada en el mundo.

En 1933 las fuerzas norteamericanas se retiraron oficialmente sin haber podido derrotar al general poeta y sus hombres. Inmediatamente después de la retirada, Sandino envió una propuesta de paz al presidente liberal Juan Bautista Sacasa, quien la aceptó de inmediato. La lucha llegó a su fin, la patria había mantenido la dignidad nacional en esta difícil prueba. Todas las fuerzas del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional fueron desmovilizadas y reintegradas a sus hogares, solo unos cien hombres permanecieron armados como fuerzas de seguridad de C. Sandino, sin embargo, los odios de los traidores era fuerte aún entre la soldadesca mercenaria de la Guardia Nacional.

Anastasio Somoza

Pero el ejército de traidores nicaragüenses y su jefe, el títere de Estados Unidos general Anastasio Somoza García "Tacho" no deseaban cumplir con su palabra empeñada, porque en verdad no la tenían. César Sandino era un peligro, él encarnaba el grito de libertad de un pueblo y debían acallarlo como fuera. Para los hombres ruines solo existe el asesinato a traición como solución, por ello después de una comida en «La Loma», el palacio presidencial, César Sandino junto a su padre Gregorio Sandino, el escritor Sofonías Salvatierra y sus lugartenientes generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor fueron detenidos por una patrulla militar dirigida por un hombre despreciable llamado Lisandro Delgadillo, quien siguiendo las órdenes de Anastasio y con el beneplácito del embajador de Estados Unidos, Arturo Bliss Lane, capturó al hombre que tanto había hecho soñar a su pueblo. Sandino y su grupo fue llevado a la cárcel en donde su padre y Sofonías fueron separados del grupo. Finalmente Sandino y sus dos generales trasladados a un campo baldío llamado la «Calavera» nombre que presagiaba la acción artera que sería perpetrada ahí. César el «General de ese pequeño ejércitos de locos» como Gabriela Mistral solía llamarlo, fue asesinado junto a sus leales colaboradores y enterrado en una tierra virgen que abrazó a sus hijos y lavó su sangre de tan siniestra acción ejecutada cuan Caín en contra de sus hermanos, ya que estos habían muerto defendiéndola del pie extranjero que deseaba mancillarla.

El asesinato alevoso no quedó en el silencio, como esperaban los criminales, el pueblo pidió justicia. El presidente Sacasa abrió una investigación que a todas luces decía que había sido su sobrino “Tacho”, quien ni siquiera negaba su orden, sino que por el contrario se ufanaba de su despreciable y traidora acción; por ello, en un acto de cobardía y vileza, el presidente fantoche decretó una amnistía general a favor de cualquier criminal que hubiera cometido algún delito de sangre desde el 16 de febrero de 1933 hasta la fecha. Esta amnistía que tenía nombre y apellido, también limpió de culpas legales la destrucción y matanza del poblado de Wiwilí realizada unos días después de la muerte de Sandino. Allí se encontraba la cooperativa agrícola creada por el general de hombres libres para sus compañeros de armas, los leales campesinos pobres de la Segovia. Su cuerpo fue enterrado en secreto, pero a pesar de ello la gente del pueblo peregrinaba hasta esas tierras que cobijaban a tan grandes hombres. No fue sino por temor frente a las protestas universitarias que arreciaron en los años 50’, que el  dictador Anastasio Somosa, quien ya había derrocado a su tío en el mayor espíritu de «democracia bananera» posible, y que había entronizado uno de los gobiernos más corruptos y detestables de América; viendo patente un nuevo alzamiento de un ejército de hombres dignos  que siguieran a ese cruzado de antaño, decidió exhumar su cuerpo y  cremarlo. Con los años, Tacho se trasformó junto con Trujillo de Santo Domingo, en uno de  los  símbolos de la perversión en el gobierno. Era tanta su crueldad y ambición, que incluso el presidente de Estados Unidos, Roosevelt, después de una reunión con Somoza padre en la oficina oval, no pudo menos que decir: «Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», casi excusándose por respaldar a este tipo de hombres pervertidos.

No obstante, si bien la alteridad de las circunstancias provocó el asesinato de Sandino, esto no impidió que se alzara él como la figura que siempre fue, la de un hombre con una dignidad y honorabilidad a toda prueba, que guio a hombres libres en una lucha para sacudirse al prepotente invasor y por ello los poetas no pudieron menos que rendirle un homenaje a aquel que escribió con sangre versos de libertad.


Entre los grandes poetas que lo reconocieron como un igual, está nuestra Gabriela Mistral. Aquella digna mujer, sensible a las injusticias y los sin sabores de la opresión, supo ver en Sandino un alma gemela por la pasión de América, un alma que había que defender, y ella, sin miedo en los labios, lanzó, en el mismo corazón de Estados Unidos en 1931, una ola de panegíricos, de alabanza y de defensa, por aquel hombre agredido por las fuerzas fácticas, y le puso el sugerente nombre de «La cacería de Sandino, el General del Pequeño Ejército Loco». Solo ella podía con pluma veloz y locuaz plantar cara al presidente de Estados Unidos, sucesor del invasor Coolidge, Herbert Hoover y al diario The New York Times, el principal medio de información de la costa este, que mentían al tildar a Sandino de «bandido» o «insignificante jefe desequilibrado», porque este en realidad era  un «hombre heroico, héroe legítimo, como tal vez no me toque ver otro…»; ella hacía comprender al pueblo norteamericano que los insultos y ese juego maniqueo que deseaban construir sus autoridades a propósito de la guerra en Nicaragua, era simplemente una burda estrategia caricaturesca, tan propia del espíritu puritano norteamericano, donde solo caben «buenos» y «malos».

Pero su panegírico no se quedó en solo alabanzas, sino que exigió a cada hombre digno de América apoyar a tan noble causa porque «Nunca los dólares, los sucres, o los bolívares sudamericanos, que se gastan tan fluvialmente en sensualidades capitalinas, estarán mejor donados”, porque la causa de Sandino es la causa de todo hombre que en las venas corra sangre de verdad, no se podía dejar solo y desamparados aquellos que luchan por cosas que enaltecen el espíritu humano en contra de fuerzas que solo buscar socavar la verdad.

César, para nuestra premio Nobel, era el verdadero y legítimo líder de Nicaragua versus esa pantalla de presidente y oficiales de un verdadero ejército de bananeros mercenarios que «ilegítimamente», y en contra de la voluntad general del pueblo se sostenían en el poder, gracias a la fuerza  de sus armas, que les otorga poder, pero no legitimidad. Así lo dijo resueltamente nuestra Gabriela cuando se refirió a la declaración del presidente de Estados Unidos:  «Hoover ha declarado a Sandino fuera de la ley», pero qué tamaña estupidez es esta, nos permite leer entre líneas la Mistral, ya que cómo puede estar fuera de la ley un nicaragüense, en su tierra, combatiendo un ejército de invasores; los únicos que no se ajustan al derecho internacional y a los derechos humanos son justamente los que esgrimen tal tipo de absurdos argumentos.

La invasión de Nicaragua por parte de Estados Unidos, la hija de Elqui, la iguala a una brutal y primitiva cacería, en donde no prima la cordura o la inteligencia sino simplemente la fuerza bruta como único argumento; pero, qué se podría esperar de una nación que se ha construido en primitivas ideas del más fuerte, en donde hasta la vida tiene un valor monetario «Tantos miles de pesos por tal cabeza». La justicia es un sueño para la nación del norte, solo para ser colocado en películas o libros de superventas, pero que en nada representan la realidad en la que se mueven las altas esferas de Estados Unidos.

Para la poetisa, la elite económica y política  del Tío Sam está acostumbrada a tratar a Sudamérica como parte de su propiedad, alabando a los gobiernos y personalidades que les son afines y construyendo verdaderas manipulaciones caricaturescas si estas son contrarias a sus deseos. Todo lo que no esté de acuerdo con su forma de comprender el mundo es parte de una banda de forajidos sin corazón o razón, es así que cuando se enfrentan a un héroe de verdad, no saben reconocerlo, ya que han perdido la capacidad de palpar la nobleza: «El guerrillero no es el mineral simple que él ve y que le parece un bandido químicamente puro; no es un pasmo militar a lo Pancho Villa, congestionado de ganas de matar, borracho de fechoría afortunada y cortador de cabezas a lo cuento de Salgari. Ha convencido desde la prensa francesa y el aprecio español hasta el último escritor sudamericano que suele leer, temblándole el pulso, el cable que le informa que su Sandino sigue vivo».



La victoria es clara para nuestra Nobel, Sandino ya ha triunfado por sobre la adversidad, el odio y la traición; su penacho de gran hombre esta incólume, cual Cirano, porque toda la América morena lo observa y lo admira; ve en él el espíritu de la pasión desatada por el amor a la libertad, que no está dispuesta a recibir las migajas limosneras de un usurpador de poderes, por ello aunque César Sandino encontrara la muerte en el campo de batalla, aun ahí habría triunfado, porque habría mantenido incólume la dignidad de toda la América que lo ama y aprende de su rebeldía en contra de la sumisión a los más fuertes. Así lo expresa la poetisa al decirnos: «Pero los marinos de Hoover van a recoger en sus manos un trofeo en el que casi todos los del sur veremos nuestra sangre y sentiremos el choque del amputado que ve caer su muñón. Mala mirada vamos a echarles y un voto diremos bajito o fuerte que no hemos dicho nunca hasta ahora, a pesar de Santo Domingo y del Haití: “¡Malaventurados sean!“ ».


La gran Gabriela solo puede parar su pluma, cuando termina diciendo con aladas palabras que la lucha de César Sandino, es la lucha de toda América por la verdadera libertad, leer el texto de esta alta mujer de los valles del río Elqui  enaltece la frente y nuevamente la otra América, la del sur, aquella que no le dicta al mundo como debe ser, y no desea imponer sus costumbres e ideas.  Vuelve a la vida como un todo homogéneo, y otra vez me vienen las palabras de Albert Einstein: «…las siguientes generaciones tendrán que creer que nunca hombre igual paso por esta tierra» y cobran un sentido real -maravilloso en la persona de Augusto César Sandino ese «general de aquel pequeño ejército de locos».